Desde que murió Truman Capote, hace 22
años, no había estado tan de moda como ahora; Philip Seymour Hoffman obtuvo el Oscar a Mejor Actor por Capote, se incluye otro estreno, la publicación de libros y la recreación de las célebres fiestas que organizaba el considerado precursor del “nuevo periodismo”.
Además, tenemos la oportunidad de recrearnos con la biografía escrita por Clarke, en la que hace un recorrido por la trayectoria humana y literaria de uno de los grandes talentos de la literatura norteamericana.
Truman Streckfus Persons nació el 30 de septiembre de 1924 en Nueva Orleans; sus
padres Arch Persons y Lillie Mae Faulk, se casaron en Monroeville – Alabama en 1923.
Antes de cumplir seis años, su temor a que terminaran abandonándolo concluyó cuando el divorcio de sus padres se consumó. Lillie Mae, que había obtenido su custodia, lo dejó en casa de los Faulk, donde la única compañía que encontró fue la de Sook.
En 1930, durante el primer curso, halló otra verdadera compañía: Harpee Lee; los unía una angustia común: sufrían de las heridas del rechazo de los padres y sentían el desgarro de la soledad.
En 1932, Lillie Mae se casó con Joe Capote en Nueva York y Truman fue a vivir con ellos: finalmente lograba estar cerca de su
madre, pero no dejaba de sentirse desolado y decepcionado. Comprendió que ni aquel mundo ni aquella mujer existían en realidad: la madre que recordaba de Monroeville seguía preocupándose por él, pero la madre actual era desapegada y le avergonzaba su comportamiento afeminado. Sin embargo, en Joe encontró un padrastro indulgente y cariñoso.
La repentina riqueza de su madre fue mortificante para Arch, pues ella había presentado una petición formal de adopción en el tribunal de Manhattan y el 14 de febrero de 1935 Joe se convirtió en su padre; a los diez años, Truman vio cambiado su nombre por el de Truman García Capote.
A pesar de su infancia difícil, Truman era encantador e inteligente. A los nueve años, advirtió que quería ser escritor. En el Instituto de Greenwich, sus escritos quedaron plasmados en las páginas de la revista literaria. Fue el jefe de un grupo de jóvenes artistas de Millbrook. Para entonces, su personalidad había adoptado la forma que conservaría durante toda su vida: a los dieciséis años sabía perfectamente que era homosexual.
En 1943, trabajó como ayudante de corrector de pruebas en The New Yorker y luego lo nombraron ayudante de correctores de la sección de ilustración. Relatos como Un árbol de noche lo situaron en el centro de interés
literario. A los veinte años, se consagró totalmente a escribir.
En 1946 inició su romance con Newton Arvin, un profesor de literatura de la Universidad de Smith; él era amante, maestro, corrector, admirador y el padre que Arch nunca fue.
Uno de los amigos más controvertibles durante sus primeros éxitos fue Gore Vidal: ambos consideraban que habían sido emocionalmente abandonados por sus madres; se sentían atraídos por los hombres y querían alcanzar la inmortalidad a través de la palabra escrita. En 1948 mantuvieron una guerra declarada que Truman venció al ser llamado el joven prodigio en el mundo literario.
Para 1949, Truman tenía un nuevo amante: Jack Dunphy, un escritor, con quien tuvo una relación que duró veinte años. Durante este tiempo, Truman se convirtió en el escritor más polémico; no sólo de la narrativa, sino también del teatro, el periodismo y el cine. En la sociedad Neoyorquina era el confidente de notables celebridades como: Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Jacqueline Kennedy, y Barbara Paley. Lo que le atraía de aquellas elegantes mujeres, era una virtud básicamente literaria: todas tenían historias que contar. Cada una de ellas podía convertirse en un memorable personaje de una gran novela.
Pero así como estaba llegando a la cumbre, también estaba iniciando el descenso: A sangre fría, había empezado a perturbar su existencia: acabó con sus nervios, agotó su paciencia y su capacidad de concentración; vaciando, en suma, su capital humano y literario. Además, su creciente dependencia de los tranquilizantes y el alcohol empañaban aún más su juicio.
En 1970 terminó su relación con Jack, pero la búsqueda del amor sexual lo llevó a la desdicha: el primero fue Danny, luego Rick Browm, y finalmente John O”shea, con quien sostuvo una relación tormentosa.
A los cincuenta años, ni el alcohol ni las pastillas, ni la cocaína, ni toda la serie de perturbadores problemas amorosos habían mermado su mágico poder sobre las palabras; La Cote Basque, calificada como narrativa de la mejor, hizo que la suerte le diera la espalda. Fue detenido por conducir borracho, ingresó a varias clínicas para alcohólicos en Nueva York y Suiza. Sufría de una desesperación que no parecía tener fin y, a los cincuenta y dos años, estaba pensando en el suicidio; se sentía muy desgraciado. El rechazo de su madre y, las promesas no cumplidas de Arch terminaron convirtiéndose en monstruos inmanejables.
Al empezar la década de los ochenta, el derrumbe de Truman se aceleró con una velocidad alarmante: estaba en un sombrío laberinto en el que no había lugar para la razón, la comprensión, y ni siguiera para la cordura. Empezó a tener convulsiones, luego sufrió una leve conmoción cerebral y finalmente flebitis. Murió el 23 de agosto de 1984 en Los Ángeles, olvidado por sus amigos, pero inmortalizado por A sangre fría, una obra pionera; un nuevo género literario.
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