A.N. WILSON: “PAUL” THE MIND OF THE APOSTLE; W.W. Norton & Company, London, 1997. (273 páginas).
Una nueva biografía
de San Pablo que seguramente se convertirá en material de furioso debate entre religiosos, ateos, teólogos, arqueólogos e historiadores. Wilson intenta mostrar quien fue realmente este controvertido
personaje y para ello, utiliza más su imaginación y poder de convicción que una prolija exégesis.
La tesis - no del todo original – que él elabora y defiende es que el verdadero fundador del cristianismo como religión fue Pablo y no Jesucristo. Qué fue lo que le pasó a este judío helenizado, ciudadano romano y miembro de la policía del templo de Jerusalén, acostumbrado a presenciar horrendas crucifixiones para que, después de Damasco, la figura de Cristo crucificado y resucitado se convierta en su
pensamiento obsesivo? Qué hizo que la fuerza de la Palabra lograra propagarse con tanto vigor entre judíos y no-judíos en todo el mundo mediterráneo? En qué se diferenciaba el Jesús rural de Pablo, el viajero internacional que hablaba griego? Cómo es que una pequeña secta herética dentro del judaísmo logró convertirse en la religión más importante de occidente?
Cuando Wilson contesta desde una perspectiva histórica, el resultado es excelente. La forma en que recrea el contexto del imperio romano, las condiciones geo-políticas y sociales, las costumbres paganas, sus relaciones con el judaísmo, la magia, la astrología, todo ese caldo de cultivo desde donde va a surgir el cristianismo, es del todo convincente. Pero cuando se adentra en la mente de su personaje, ahí se aventura demasiado. Por momentos suena bastante disparatado, como por ejemplo cuando atribuye las contradicciones mentales de Pablo a la existencia en él de un pensamiento nietscheano.....o cuando lo declara precursor del pensamiento romántico moderno.
Más que un personaje histórico, lo que aparece acá es un personaje que es fruto de la rica imaginación del autor, creado a su gusto artístico y fundamentado con el uso completamente arbitrario que hace de la documentación existente. Cuando le conviene ahí le atribuye veracidad y cuando no, simplemente decreta que ‘a todas luces’ son informaciones equivocadas.
Tampoco está bien escrito, los párrafos son engorrosos, y la lectura, de ese estilo novelesco bastante sui-generis y por momentos salpicado con humor dudoso, no resulta amena.