EJEMPLO Y LIDERAZGO: LA HISTORIA DE EMANUEL GINOBILI
El decimoquinto Campeonato Mundial de Básquetbol de
Japón,
que comenzará en agosto próximo, despejará varias
incógnitas.
Entre ellas, la de Estados Unidos, que viene de tener
la
peor actuación en la historia de los mundiales, que
demostró que los demás conjuntos están casi al mismo
nivel.
Varias selecciones son candidatas, con jugadores de
categoría NBA. Pero deberán demostrarlo, como
Yugoslavia,
el último campeón, Grecia, España, Alemania y
Argentina.
Justamente Argentina, que logró en Indianápolis 2002 la
mejor clasificación en su historia como visitante,
llevará
a Japón a figuras reconocidas como Fabricio Oberto y
Andrés
Nocioni, ambos NBA, y a Luis Scola y Walter Hermann,
que se
destacan en Europa. Aunque la figura y el líder
indiscutido
de ese equipo será el bahiense Emanuel Ginóbili.
El actual
jugador de los San Antonio Spurs, de la NBA,
llegó a la elite de básquetbol tras consagrarse en
Europa,
pero su camino a la gloria no fue sencillo.
Nació un 28 de julio de 1977 en Bahía Blanca, y a los
siete
años comenzó a jugar en un club pequeño, Bahiense del
Norte. Allí jugó hasta 1995, cuando pasó a Andino de La
Rioja, que estaba disputando la Liga Nacional
Argentina. En
el equipo cuyano jugó 26 partidos, aunque no logró
destacarse. Su físico, poco desarrollado, no lo
ayudaba.
Además, Andino descendió a la segunda categoría.
Sin desmoralizarse y a fuerza de mucho gimnasio para
mejorar su forma física, en 1996 pasó al club más
importante de su ciudad natal, Estudiantes de Bahía
Blanca,
donde “explotó” todas sus cualidades. Jugó durante dos
temporadas más de cien partidos, con promedios de 20
puntos
por encuentro.
En esa época fue llamado por primera vez para integrar
la
selección argentina sub-22. Su primer torneo fue el
Sudamericano en Brasil, donde el equipo consiguió la
tercera ubicación. Luego disputó el Panamericano en
Puerto
Rico, y el Mundial de la categoría en Australia, en el
cual
la Argentina cayó en semifinales ante el local y luego
ante
Yugoslavia, pero Emanuel tuvo una destacada actuación y
finalizó el torneo como titular.
Para el período 98/99, el Reggio Calabria, en ese
momento
en la segunda división italiana, se interesó en sus
habilidades y lo llevó para ascender a la Serie A. Con
él
como gran figura, ya que lideró al equipo en promedio
de
puntos, con 19 por encuentro, y en partidos jugados,
con
49, lograron el objetivo, y el mundo deportivo europeo
comenzó a hablar del argentino.
Luego de otra temporada en el conjunto italiano pasó al
Kinder Bologna, el equipo más importante de aquel país.
Y
lo llevó a ganar la “Triple Corona”, que significa
conquistar la Liga y la Copa del país, y la Euroliga,
el
torneo más relevante del viejo continente.
Su primer gran campeonato en la selección fue el
Mundial de
Grecia 1998, en el que “estaba en un sueño, y pude
aprender
muchas cosas de grandes como Marcelo Milanesio, Héctor
Campana y Juan Espil, figuras argentinas en ese
momento”,
comentó en una entrevista con el Diario Deportivo Olé.
En 1999 fue elegido en la segunda ronda del draft de la
NBA
por San Antonio Spurs con el puesto 57, como un
proyecto a
futuro.
En el mismo año jugó para la selección el Sudamericano
en
su ciudad natal, Bahía Blanca, pero Brasil fue más en
la
final y se tuvo que conformar con el segundo puesto.
El Preolímpico de Puerto Rico daba dos plazas para
Sydney
2000, y fueron para el local y las estrellas de los
Estados
Unidos. Argentina tuvo un gran torneo, finalizó
tercera, y
Ginóbili se despachó con 25 puntos en la victoria por
la
medalla de bronce, pero “fue terrible no clasificarnos,
porque lo merecíamos mucho y habíamos jugado un básquet
espectacular”, mencionó otra vez al Diario Olé.
La obtención de la medalla de oro en los Juegos
Olímpicos
de Sydney fue el punto más alto en su carrera como
jugador
argentino. Llevó al equipo a la final, luego de
derrotar a
Yugoslavia con un doble de él en el último segundo y
al “Dream Team” de EEUU entre otros, donde anotó 27
puntos
y dejó eliminado a su compañero Tim Duncan. En el
encuentro final vencieron a Italia, con una actuación
notable del equipo y suya, que terminó llorando con una
bandera argentina y la medalla de oro colgándole en el
pecho.
Ahora le toca el turno de seguir demostrando en la
elite
del básquet mundial sus virtudes. “Antes no terminaba
de
sentirme NBA. Hasta que estuve adentro y me demostré
que
podía jugar. No quería llegar solo para estar, sino que
pretendía ser un jugador importante”, comentó al Diario
Olé
luego de su última consagración como el segundo mejor
jugador de las finales.
En San Antonio ya es considerado un ídolo, tanto
deportivo
como por su calidad como persona. Así lo señaló una
encuesta del Diario USA Today, donde fue elegido como
la
mejor adquisición de los últimos diez años, delante de
jugadores con varias campañas en la NBA.
Una de las mayores promesas del básquetbol argentino ya
se
convirtió en realidad. Se consagró dos veces con los
San
Antonio Spurs y obtuvo el MVP, el premio al mejor
jugador,
en los JJOO. Pero, con 27 años recién cumplidos, no se
conforma y va por más. Como un ganador. Como un líder.
Como
un ejemplo. A la manera de Emanuel Ginóbili.