Beuys utiliza Frases muy trascendentales de gran contenido político-social, las cuales reflejan su concepción del arte, producto
de sus experiencias de vida; una concepción de arte humanística: “Donde yo estoy hay academia… cuando alguien ve mis cosas me ve a mi”.
Éste atribuye al ser humano la capacidad de crear, sin embargo, es necesario hacer uso de esta facultad y perfeccionarla. Concebir la creatividad como la redefinición de las formas ya caducas, para así fomentar, vida, alma y espíritu. Es el “concepto ampliado de arte” que conducirá a su
escultura social.
Con la escultura social Beuys va más allá del Redy Made de Marcel Duchamp, pues le interesa la relación antropológica y concibe la creatividad como la esencia de la libertad. Todo el saber proviene del arte, de lo creativo. Se trata de experimentar lo figurativo en la historia y por lo tanto, ésta se debe ver de forma plástica.
Beuys concibe la idea de plástica de forma universal; el pensamiento humano es plástica que se origina en el hombre, afirmando que asigna a su palabra y a su pensamiento una importancia plástica central.
El concepto tradicional de arte ha dejado grandes señales a la gran mayoría de los humanos. Esta señal es para Beuys una tragedia, en la que la obra de arte se convierte en el mayor enigma de todos, para el cual el hombre debe ser la solución, así define lo que el llamara el fin de lo moderno. El fin de todas las tradiciones.
La biografía explica también el arte social como un arte en el que cada hombre es un
artista entendiéndose como la transformación del cuerpo social. Así, todos los hombres trabajan para todos para poder realizar las transformaciones en el menor tiempo posible. Con su “plástica socia!”, Beuys deja claro que lo que le interesa en primer lugar, es la educación artística del ser humano; buscando integrar el arte a todos los ámbitos de la enseñanza y de la vida, para llegar a una sociedad espiritual y democrática. Sin embargo, considera al hombre de hoy en una etapa de prueba de sus posibilidades, en la que ya no depende de su creador sino que ahora puede determinar su futuro.
Beuys hace resaltar la polaridad que se desprende de lo caótico-cálido, la plástica, y de lo cristalino-geométrico, es decir, la escultura. Éste corrobora su teoría plástica mediante la observación de las abejas: “cuando la abeja llega a la planta, es una unión, de modo que la flor y la abeja forman un proceso de unidad”.<3>
En sus obras, sus exposiciones colectivas e individuales y en sus actividades políticas refleja su energía y dedicación, lo que le permitió un reconocimiento en Europa y América. Se hace evidente además, la recursividad en el uso de materiales poco convencionales como sangre, gelatina y excremento, los cuales trasformaba completamente para conferir expresividad a sus ideas.
Su gran observación e interés por animales y plantas desde su niñez hasta las investigaciones que realizó en la Academia de Bellas Artes de Dusseldorf, son indudablemente significativas para el artista.
En ‘Fluxus’ dio a conocer su inclinación sobre la importancia de desligarse del concepto tradicional del arte, criticando de éste el distanciamiento que generó entre la vida y el arte. Beuys y otros artistas propusieron un encuentro entre la vida y el arte para generar una armonía donde el artista era el actor y el público el espectador; algo que no ocurre en el “happening” en el cual el público participó específicamente como actor.
Beuys no estaba interesado en crear imágenes, sino más bien contraimágenes reflexivas e insinuaciones contradictorias.
Siempre manifestó que sus obras hacían parte de la “plástica social” porque uno obra de arte debería ser accesible al público en general y no a un público restringido. Además cuestionó constantemente la situación humana y el papel del arte en el mundo.
<3> Stachelhaus, Heiner. Joseph Beuys. Parcifal Ediciones, Barcelona. 1990, Pág.: