Reinaldo Arenas fue uno de esos jóvenes que se unió a los rebeldes revolucionarios que luchaban en la Sierra Maestra contra la dictadura de Batista. De origen campesino y escasos recursos económicos ganó una beca de técnico en Contabilidad Agrícola y comienza a trabajar en una granja, pero su insatisfacción perenne y su deseo de superación de ver mundo lo llevan en poco tiempo a emigrar hacia La Habana. Ya en la capital, se las agencia para comenzar a trabajar en la Biblioteca Nacional José Martí. Guapo y talentoso se atrae el amparo de algunas figuras que lo introducen en el mundo intelectual. Con su novela
Celestino antes del alba, gana en 1967, el prestigioso Premio Casa de las América, pero su conducta escandalosa en relación a su vida privada presenta conflictos con la postura homofóbica del régimen quien lo convierte en un marginado social. A ello se suman sus críticas aceradas, el desenfado y nada agradable sarcasmo que le alejan simpatías y le provoca el rechazo de ciertas élites. Así, mientras más reputación gana en el exterior, en su país es ninguneado, o dicho de otro modo, condenado al ostracismo. Hastiado de esta existencia de perros, donde carece de apoyo para publicar su obra, convertido en una lacra que a ni a nadie le importa, Reinaldo Arenas decide abandonar el país aprovechando la diáspora del Mariel que ofrece prioridad de salida inmediata a los llamados “escorias y antisociales”. Cuando llega a Miami, esperando encontrar la miel de la libertad, se encuentra, respecto a su orientación sexual, con una sociedad aún más reaccionaria que la de Cuba. Como su lengua es venenosa y afilada cual una víbora, gana más enemigos que adeptos. Abandona Miami decepcionado y se establece en Nueva York donde escribe enloquecidamente. La presión económica lo obliga a desempeñarse en los más disímiles oficios, mientras que su obra, cada vez más numerosa, aguarda desesperada en las gavetas, similar a su situación en La Habana, ahora no por la censura política, sino por la censura económica.
Sólo unos pocos y fieles amigos en Europa lo apoyan en la publicación de sus originales. En este ambiente de dolor y desesperación, su refugio no es sólo la literatura, sino también el sexo, que lo práctica entregado y silvestre, tal como nació y creció en su violento regazo campesino: como una enredadera. Por fuerza, Reinaldo pasa a ser una de las primeras víctimas del SIDA. Al conocer que su prueba del VIH da positivo, decide quitarse la vida, pero primero escribe de un tirón ANTES QUE ANOCHEZCA, una conmovedora autobiografía llena de resentimiento y odio hacia la humanidad donde culpa de toda su desgracia, principalmente a Fidel Castro, quien con la intolerancia de su régimen lo obligó, según cuenta, a emigrar hacia el infierno de Miami donde termina abandonado y enfermo. Reynaldo Arena deja al morir un prolífico legado intelectual entre otros: El palacio de la blanquísimas mofetas (1980), Viaje a La Habana (1990). Algunos cuentos: Con los ojos cerrados (1972), Termina el desfile (1981). Poesía: El central (1981) y Voluntad de vivir manifestándose (1989). En ensayos: Necesidad de libertad (1986). Y Persecución (1986), cinco piezas de teatro. No toda la literatura se inundó de su odio y tenaz sarcasmo; también nos regaló deliciosos momentos de humor: el humor de un espectador escéptico que se burla y venga de todos, de todo y de sí mismo, y en sentido general, del absurdo de su vida, en especial, la suya: dolorosa y tremebunda.