Cameron Crowe, director de películas como Jerry McGuire o Casi famosos , fue al despacho de Billy Wilder, quien no necesita
más presentación, a invitarle a participar en uno de sus proyectos cinematográficos.
No salió adelante, pero pasaron los meses y su insistencia dio otro fruto bien distinto: el creador de Con faldas y a lo loco y El apartamento lo citó para una serie de entrevistas que conforman esta pequeña joya, Conversaciones con Billy Wilder , cuajada de intensas reflexiones sobre el mundo del cine, pero también sobre los recuerdos, la vejez y el paso del
tiempo.
A lo largo de más de trescientas páginas, los dos cineastas recorren la historia del séptimo arte durante el siglo XX; y concluyen que la palabra, cuando está bien dicha -es decir, con elegancia e ingenio- es el arma más poderosa con que cuenta el
hombre.
No olvidemos que quien fuera uno de los grandes genios del humor fue, también, la víctima del totalitarismo nazi: varios familiares de Wilder murieron en los campos de concentración instalados en Europa, y él mismo vivió como un exiliado en Estados Unidos, país que lo acogió y donde pudo cicatrizar sus heridas.
Tras la máscara del humorista, latía el corazón de un hombre que, en su aparente distancia, vivió con el ímpetu de un tren; y conoció a grandes personalidades como Sigmund Freud o los Kennedy, y a mitos aún vigentes (esa es, quizá, la principal cualidad del mito: su eterna vigencia), como la actriz Marilyn Monroe.
Una lectura más que recomendable en estos tiempos de urgencia, donde la voz de muchos ancianos es arrinconada y su memoria se esconde por voluntad propia. Hay que hacer tiempo, construirlo, que es todo lo contrario de perderlo, para escuchar la voz de la sabiduría, y reverenciarla.