Es “El arte de la guerra” un
libro con dos mil años de antigüedad (el más antiguo en su materia) que, en este nuevo siglo, no ha perdido ni un ápice de su actualidad. Y es que los temas que trata (militares y/o humanos, dependiendo de la perspectiva del lector) no son “simples” postulados capaces de mantenerse en el año 2006, sino sentencias de aplicación directa en nuestras sociedades o en nosotros mismos, como personas.
Si por
alegoría se entiende aquella figura literaria que, usando varias metáforas consecutivas, da lugar a un
sentido “doble” (un sentido literal, que se manifiesta a través de la temática y uso del lenguaje, y otro figurado, al que se llega estableciendo nexos de carácter más “semántico” -y es posible decir incluso “cultural”-, aludiendo al psiquismo del lector), nos encontramos, con Sun Tzu y su “Arte de la guerra”, ante un
texto claramente alegórico. Las razones se desprenden de:
-El libro puede tomarse desde una perspectiva puramente militar.
Mucho más que un
manual de estrategia militar, es un texto que trata todo lo referente a lo
militar (la “acción militar”, ya sea en tiempos de paz o de guerra). Sun Tzu (así lo expresa en el libro) considera de vital importancia la “acción militar”, pues ésta resulta indispensable al país, ya que de ella depende la supervivencia o final de dicho país. En consecuencia el libro, de principio a fin, es un manual de acción militar. Como manual se estudia, en la actualidad, en las academias militares de muchos países.
-En su sentido figurado, la mente del
lector puede identificar su propia persona (con sus problemáticas, conflictos de la vida diaria, etc.) con las situaciones descritas en el libro, y, de la misma manera que el general Sun Tzu propone enfrentar “al enemigo” y lograr la victoria, da pistas muy claras al lector aconsejándole cómo puede enfrentar “su problema” llevándole de la mano a “la victoria” o al mejor de los finales posibles.
Más allá de estas dos dimensiones que se desprenden del carácter alegórico del libro, lo ameno de la lectura (además de que el texto consigue despertar “la curiosidad”), así como la invitación a la reflexión, hacen de este clásico chino un libro que no debería faltar en ninguna biblioteca.
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