Nos relata el florecimiento, auge y caída de
Pachacamac, la ciudad sagrada, construida en honor del Dios
más importante y temido del
antiguo Perú.
La leyenda del
dios de dos cabezas surge 200 años a.c.con la
cultura Lima, cuyos hombres le erigieron un templo de adobes al margen derecho del
río Lurín. Lo llamaban el "
Hacedor del mundo", porque apareció sobre la faz de la tierra, destruyendo todo lo que encontraba a su paso, para luego reformarlo,
.
Pero en su reforma faltaron los alimentos. Su primer hombre, murió de hambre; su primera mujer.quedó fecundada del Sol, cuando le pidió ayuda. El fruto de sus entrañas fue despedazado por un Pachacamac furioso, que enterró sus dientes para hacer crecer
maíz y de sus otras partes, hizo brotar la
papa y la
yuca.
Amado y temido por todos, en
Ichtmay se le construyó un templo de adoración, al igual que a su esposa
Urpiwachac, diosa del mar y los peces. Hasta allí llegaban, sorteando
desiertos y cordilleras, los grandes señores y
curacas, para consultar el futuro..
Ichtmay llegó a ser la ciudad más importante del antiguo Perú y fue respetada por los
wari durante su expansión a la Costa; ellos caerían subyugados ante el
dios oráculo, capaz de predecir guerras y desastres naturales. Por eso la convirtieron en una gran ciudad..
Consultar al
dios bifronte era todo un privilegio; su capilla estaba rodeada de
aves carroñeras, en lo más alto del templo y a donde no llegaba la luz del Sol..
Ichtmay tendría su mayor esplendor, mil años d.c, en una época donde los
vikingos llegaban a América,; se forjaba el fanatismo religioso de las
cruzadas en Francia; el
islam se extendía por medio oriente; el sanguinario líder mongol
Gengis Kan conquistaba China haciendo temblar a Europa: y, en América Central brillaba el imperio
Maya.Paralelamente a estos acontecimientos mundiales, Pachacamac se erigía como el
dios más poderoso del antiguo Perú, rodeado
de 15 pirámides levantadas en su honor, administradas por los sacerdotes que dirigían los rituales de luna llena cada diciembre.
El segundo imperio de Pachacamac se iniciaría con la
expansión inca, al mando de
Pachacútec y su hermano
Capac Yupanqui, quienes al igual que los wari, respetaron la ciudad sagrada y el culto al dios de dos cabezas. Años después,
Túpac Yupanqui, hijo de Pachacútec ingresó victorioso a la ciudad amurallada y después de 40 días de ayuno consultó al
oráculo que le vaticinó un reinado de más de 30 años. Rn agradecimiento,
cambió el nombre de Ichtmay por el de Pachacamac, mandó a construir el
templo del Sol, levantó un
acllawasi o
casa de las escogidas; además de proveerle un mejor acceso de agua al renovar su
red de acueductos.
Si bien los incas impuesieron su culto al Sol, el templo de Pachacamac mantuvo su jerarquía. Años después,
Huayna Cápac ingresó a la ciudad sagrada, coincidentemente con la aparición de un cometa, señal de
mal augurio. Pachacamac no sólo le vaticinó la expansión de su poder, sino también, la enemistad de sus hijos y la llegada de
"Wiracochas" (dioses con barba) por el mar.
El dios oráculo no se equivocó, cuatro años después de la muerte de su padre,
Huáscar y
Atahualpa iniciarían una lucha por el poder total. Dicen que ambos hermanos mandaron emisarios a Pachacamac y que éste en sus predicciones favoreció a Huáscar.
Atahualpa reaccionó incrédulo y se lanzó sanguinariamente hacia el
Cusco, donde se coronó inca. Pero su triunfalismo le duraría poco, porque los españoles ya habían llegado a
Cajamarca donde lo apresaron. Temeroso de un entendimiento entre los hispanos y Huáscar, mandó a matar a su hermano y negoció su libertad. Ofreció un
cuarto lleno de oro y plata para sus captores.
Atahualpa hizo conocer a
Pizarro sobre los
tesoros ofrendados a Pachacamac, al que maldijo por sus equivocaciones. El conquistador le tomó la palabra y mandó a su hermano
Hernando hacia la
mezquita de oro y plata.
.
Pese al buen recibimiento del administrador inca,
Tauri Chumpi, los españoles se lanzaron a buscar el oro y la plata. Ingresaron a la fuerza a la capilla del dios oráculo y lo destruyeron ante el pánico de los presentes.
En nombre de la cruz arrasaron con todo, impotentes por no haber hallado lo que buscaban. En represalia saquearon los pueblos aledaños, adoradores de Pachacamac.Allí nacería la leyenda de los tesoros enterrados en los subterráneos de la ciudad sagrada.
Años más tarde, durante la
extirpación de idolatrías impuesta por el
virrey Toledo, Pachacamac quedaría abandonada a expensas del saqueo y la destrucción sistemática de
aventureros y buscadores de fortuna.
Desde entonces, la otrora poderosa
ciudad amurallada se convirtió en guarida de ladrones y corral de vacas, más adelante soportó invasiones de gente de pocos recursos. Hoy, casi el 80% de la ciudad sagrada más importante de la Costa central está al borde de la desaparición total. Entre los muros derruidos y sus caminos polvorientos, yace una historia viva, llena de magia y leyenda, que lo hacen un punto obligado de visita en el recorrido por el sur de Lima..