Mario Quintana y el
Matrimonio. Sergio Ferraz. Nuestro gran poeta decía
que, en mayo de 98 escribió un texto en el
cual afirmaba que encontraba
lindo el ritual del casamiento en la iglesia, con sus vestidos blancos
y alfombras rojas, pero que lo único que le desagradaba era el sermón:
¿Promete ser fiel en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la
enfermedad, amándose y respetándose hasta que la muerte los separe?
Para Quintana era simplista y un poco fuera de la realidad. Y así,
resolvió, en otro texto, dar sus sugestiones para los sermones de
casamiento. Y eran éstas: ¿Promete no dejar que la pasión haga de usted
una
persona controladora, y sí respetar la individualidad de quien ama,
recordando siempre que esa persona no le pertenece y que está a su lado
por libre y espontánea voluntad? ¿Promete saber mantener amistad o ser
amante, sabiendo exactamente cuando deben entrar en escena una cosa y
otra, sin que eso los transforme en personas de doble identidad o en
una persona menos romántica? ¿Promete hacer del pasar de los años una
vía de madurez y no un camino de cobranzas por sueños idealizados que
no llegaron a concretizarse? ¿Promete sentir placer de estar con la
persona que usted escogió y ser feliz a su lado por el simple hecho de
que es la persona que mejor lo conoce a usted y por lo tanto la mejor
preparada para ayudarlo, así como usted a esa persona? ¿Promete dejarse
conocer? ¿Promete que seguirá siendo alguien gentil, cariñoso y
educado, que no usará la rutina como disculpa para su falta de humor?
¿Promete que hará sexo sin pudores, que tendrá hijos por amor y por
deseo, y no porque es lo que esperan de usted, y que los educará para
ser independientes y bien informados sobre la realidad que les aguarda?
¿Promete que no hablará mal de la persona con quien se casó sólo para
provocar la risa de los demás? ¿Promete que la palabra libertad seguirá
teniendo la misma importancia que siempre tuvo en su vida, que usted
sabrá responsabilizarse por sí mismo sin esclavizarse por el otro y que
sabrá lidiar con su propia soledad, que ningún
matrimonio elimina?
¿Promete que será tan usted mismo como era minutos antes de entrar en
la iglesia? Si es así, los declaro mucho más que marido y mujer: los
declaro maduros.