Cuba, entre la lealtad a Fidel y el anhelo de ver reformas
Con sus veintinueve años, Miguel vive abatido tratando
de descifrar cómo va a cubrir las necesidades de su familia, que crecerá dentro de tres meses con la llegada de un bebe. Su salario de doscientos cincuenta pesos mensuales, equivalente a unos diez dólares, no le alcanzaba para llegar a fin de mes y decidió lanzarse a la calle a vender ron y tabaco en la clandestinidad. "El comunismo es comunión; nadie vive en comunión aquí, todo el mundo resuelve su propio problema" Lo dijo Miguel, casi sin crisparse aunque también pidió que su verdadera identidad no fuera revelada..........El aspira (seguramente como tantos otros) a que ocurra un cambio en el
sistema económico de su país. Pero esa Idea no cabe en la mente de Leovigildo Puig, de setenta años, que vivió el capitalismo bajo la presidencia de Fulgencio Batista, al que Fidel Castro derrocó en 1959. Puig prefiere el socialismo "en un ciento por ciento", porque, según dice, ayudó a sacar a su familia de la pobreza extrema. Su padre era cortador de caña y antes de la victoria de la Revolución trabajaba tres meses al año, por lo cual de niño tuvo que cambiar los estudios por el trabajo. No pagamos vivienda, no pagamos medicinas, tengo sobrinos que no están pagando los estudios, todo se lo da la Revolución", asegura sentado en las escalinatas de su casa colonial en el pueblo de Trinidad, en la provincia de Sancti Spiritus, en camino de La Habana a Santiago. Ambas vidas ilustran el dilema diario en el que sigue inmerso el pueblo cubano a pesar del trascendental suceso acontecido hace nueve meses, cuando su gobernante por los últimos cuarenta y ocho años, Fidel Castro, cedió el poder de manera temporal a su hermano Raúl, tras ser aquejado por graves problemas de salud. Por un lado, hay quienes defienden a brazo partido el sistema actual, mientras otros anhelan un futuro diferente. En esta histórica ciudad flanqueada por la Sierra Maestra, sede del cuartel Moncada donde Fidel Castro inició la revolución y del balcón donde ofreció su discurso de triunfo, gran parte de la juventud desea reformas que permitan mayores alternativas de desarrollo económico personal y de viajes al exterior. Sin embargo, en los pueblos de provincia, donde la vida es más apacible y los
productos más accesibles en moneda nacional, el respaldo al sistema actual prevalece. Parte de la creciente problemática de La Habana y Santiago es que la oferta de productos y entretenimiento está dominada por la divisa, el denominado peso cubano convertible (CUC), creado para los turistas y los que tienen acceso a moneda extranjera. Un CUC son veinticuatro pesos cubanos, y los precios en esos locales no guardan relación con los salarios estatales. En las calles y campos los cubanos coinciden en que durante la ausencia pública de Fidel Castro no ha habido cambios para atender éste u otros problemas. Sobre el futuro tienen toda suerte de teorías. Tras la muerte del histórico líder, unos sostienen que el Parlamento elegirá un nuevo presidente y habrá continuidad; otros temen que se desate una cruenta lucha de poder, y aun hay quienes piensan que el capitalismo llegará de un día para otro. La constante es que no ven en el panorama una figura que pueda reemplazar a Castro. En decenas de entrevistas realizadas por El Nuevo Día , sólo dos personas se aventuraron a lanzar nombres de posibles sustitutos: hay quien piensa que podría ser el primer vicepresidente interino, Carlos Lage, y otros el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón. Los entrevistados también coincidieron en que un cambio político no es prioridad; en que rechazan la alternativa del capitalismo y la intervención de los Estados Unidos, y en que la mayoría, hasta los que se quejan, son fidelistas. "Mucha gente tiene miedo a los cambios que pueda tener la desaparición de Fidel Castro porque son muchos años y uno se acostumbra. "Principalmente, lo que el pueblo quisiera es un cambio económico, que lascosas no estuvieran tan caras, que estuvieran más accesibles", agregó Alberto, un santiaguero de treinta y cinco años que también vive de "la lucha", vendiendo productos y asistencia a los turistas y quien también prefirió ser identificado con un nombre ficticio. La imagen de ambos es común en Santiago y La Habana: hombres jóvenes que ofrecen el ron Habana Club, los cigarros Cohibas y hasta discos compactos más baratos que en los locales oficiales. Son productos robados a fábricas estatales o falsificados en una cadena en la que se beneficia "todo el mundo". También aconsejan sobre "casas particulares" para dormir y paladares donde comer, por lo cual reciben comisiones por cada cliente que atraen. Miguel aclara que no todo en el sistema socialista cubano son desventajas. "Te pasa algo, tú llegas al hospital y te atienden de inmediato, sin hacer preguntas", dijo, y destacó también la educación y la seguridad. Según señaló, aunque se producen robos, son esporádicos y "jamás" violentos. "Aquí una pistola es una rareza", aseguró. Aun así, insiste en que quiere cambios, pero, como la mayoría de los que comparten su visión, no tiene una propuesta concreta: .....tal vez irse al extranjero. "Hay muchos hombres deseando irse abrazados a una mujer europea de ochenta años. Si hay que casarse, uno se casa. Lo siento por ella, pero (desde allá) la mantengo", comentó frente a su esposa embarazada. Ella no se inmutó.
Donanfer