Wilde es definitivamente un genio. Un genio que dada su condición de homosexual, en una sociedad donde supuestos valores morales condenaban ese tipo de comportamiento: sufrió una enormidad. Tanto en lo personal como en lo social. Pero este choque entre sus tendencias sexuales y la moral puritana de la sociedad victoriana, que ha podido conducirlo a una anulación como artista y hasta como persona, más bien se convierte el acicate que le templa el talento y se decanta en una mordacidad reveladora de las hipócritas pautas morales de la Inglaterra del siglo IXX. Escribe Wilde con una displicencia y una arrogancia exquisitas, desbaratando con su fina prosa todo ese tinglado de hipocresías y formulismos protocolares y sociales de su época. Y en El Retrato... sencillamente llega al clímax en este sentido. Es un libro que considero de lectura obligada para cualquiera que se considere medianamente aficionado a la literatura. Si estas leyendo esta crítica (es decir, te gusta leer) y no lo has leído, estás en deuda contigo mismo y en mora con tu hobby de lector. No esperes más. Es sencillamente una obra de arte donde el autor desnuda los vicios ocultos de una sociedad impostada y superficial y a la vez también desgrana lo más profundo e íntimo del alma y las pasiones humanas. Con una trama apasionante que se pasea por elementos de suspenso e intriga, es esta una novela que, sin embargo,no se puede encasillar en ese género ni, considero, enningún otro estilo en particular. Es simplemente una gran novelade lectura obligada, repito,para quiense precie deserlector o tenga algún interés por la literatura.