El día que todas las aves volaron al sol se titula este artículo, homónimo de un texto en proceso de publicación, destinado
a esos seres que saben querer y que saben bien lo que quieren. La literatura infantil sigue adolesciendo, sigue, como decimos a veces "en baja". ¿Cuesta tanto que las imágenes cotidianas se erijan en textos que edifiquen el alma y sostengan la escalera de valores éticos por la que todos los humanos debíamos ascender?Todavía resuenan en mis oídos las palabras de mi abuela, diestra en narrar historias y fábulas mientras atendía la decena de nietos que llenábamos su casa cada día de su vida. A veces, cuando llegaba la noche, yo soñaba ser una heroína, capaz de salvar a muchos seres en este mundo. Otras, me veía grande y como amazona en la ciudad, ayudando a niños y ancianos o, sencillamente volaba con una magia indescriptible por encima del planeta, coloreando de azul sus mares grises y llenando de verdes los parajes secos. Cada palabra, cada símbolo, quedó en mi alma para siempre. Así crecimos los niños y niñas de aquella familia.En buena medida, esto es lo que persigue el
relato infantil ilustrado "El día que todas las aves volaron al sol". El astro rey duerme cansado debido al exceso de trabajo y al cuidado de uno de los luceros,
enfermo por las consencuencias de la radioactividad de una guerra. Tratando de guiar con su luz a los sobrevivientes de ese pueblo, el pequeño lucero se acercó demasiado al terreno de la contaminación y casi muere en brazos de su madre la luna. Para no faltar a sus obligaciones diarias con la humanidad, sol y luna se dedicaban, además de intentar salvar al pequeño, en proseguir su faena de dar brillo y luz a noches y días. El sol, extenuado, se había quedado dormido junto al enfermo, envuelto entre cálidas nubes. Mientras, en la tierra, los habitantes de un bosque especial y mágico, notan que las plantas exajeran la fotosíntesis y que el proceso de la cotidianeidad se ha alterado. Dos aves mitológicas y místicas proyectan liderar un vuelo donde miles de aves deben seguirlas hasta el sol. Urge comprender qué sucede y salvar a la tierra.La manera en que el gran astro reacciona ante ese gesto de valentía y amor. El instante en que ocurre el encuentro y tiene lugar el sortilegio de la sanación del lucero, justo cuando las aves se acercan y exponen sus mejores cantos. Ese despertar al cual le preceden las " terapias alternativas" de armonía, múisca y sobre todo, mucho amor, dal lucar a que, posteriormente, todo vuelva a a la normalidad en la tierra. Esta sincronización de imágenes hacen del relato un texto digno de conocerse y, lo que es más aún, de interiorizarse: da igual si eres niño, niña, o si ya creciste. Entonces, más vale la pena.