Un hombre desde un lugar desconocido y con cierta distancia cuenta un episodio de su adolescencia donde fue una aventura
encontrar qué cosas le gustan en la vida. En ese
peregrinaje hay una profunda reflexión acerca de las preocupaciones de un adolescente pero con pensares y sentimientos inherentes a la edad. A lo largo de ese peregrinaje toma fuerza toma fuerza y coraje para enfrentar a sus padres sobre un hecho del que es una victima aunque esto no descarta que haya sido un victimario antes. Las peripecias con las mujeres son un tanto cariñosas, un tanto aniñadas y otro tanto de pensarlas, sentirlas y no creerlas tan sólo un hueco donde meterse. Sus des-aires con el alcohol son mínimos pero intensos tanto en su abundancia como en su falta. Perseguir unos patos se convierte en una utopía de su camino. El mundo de los adultos “conocidos” no es visto con grandilocuencia sino más bien inane, falso, desorientador. La enseñanza está planteada como algo estático y sin lograr en dar con sus intereses. Esta
perdido. Viene perdido perdido hace tiempo y esta narración (en 1ª persona, en pasado y con una prosa coloquial) es el tiempo de su explosión.