En medio de un enjambre…
Elegí a la encantadora Madame Edwarda en medio de un enjambre de muchachas. La
sala abarrotada fue el desierto donde el juego se prolongó: nuestras bocas en un beso enfermo, en mis pantalones el temblor; ella al tiempo desgarrada, en sus ojos el terror y en su garganta un largo estrangulamiento. Hubiera sido necesario ser infame. Pero nada contaba ya. La apreté en mis brazos, ella sonriente: un nuevo choque de silencio gélido me elevó y me hizo sentir transido y más abandonado que la embriaguez misma. Sentí tristeza de que esta grandeza me robara sus placeres. Me encontré absurdo y experimenté un instante de gran malestar. Nada más cómico para decir: Quise atropellar la mesa empotrada en el suelo. Todo había desaparecido. Sólo la noche caía sobre mí...
Escuché la voz hombruna de una fuerte y bella mujer: - Hijos míos, hay que subir.
Fue para mí una alucinante solemnidad seguir la
desnudez tranquila de Edwarda atravesar la sala… Aquel rito grosero de la “dama que sube”. El paso de la indiferencia tumultuosa de la sala a su felicidad, era consagración real y fiesta florida de la muerte, en eso de que la desnudez del burdel llama al cuchillo del carnicero.
George Bataille, escritor francés autor de “El Erotismo”.
Nocturno ®
Publicado el: noviembre 10, 2006
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