Su madre ya no está y jamás volverá, y en el corazón de Elia sólo hay espacio para su padre, sus hermanos y el
recuerdo de
su madre muerta. Nadie más puede entrar en él.
Pero parece que para el padre de Elia no es lo mismo; su padre si es capaz de
compartir su amor y entregarlo a una extraña, y no parece importarle que este hecho pueda destruir el corazón de su hija Elia.
Pero quizá Elia aprenda que no es necesario compartir el corazón entre los seres a los que se ama; luchando por hacerse un sitio; sino que éste tiene la rara capacidad de ensancharse más y más para dar cabida en él a todos los que se conoce.
¡No te cases, papá! Es la historia y el grito desgarrador de una joven, la cual perdió a una madre que adoraba; Elia quería a su madre casi como todos los hijos quieren a la suya… o quizá más; porqué como suele pasar, el
recuerdo que Elia conserva de ella es ‘superior’.
En ese recuerdo, su madre es más hermosa y más dulce, y sus postres saben a gloria.
Pese a eso, cuando el pequeño Xián nació… ella se negó a besar a su madre. Y esa negación le dejó un sabor amargo, pues poco tiempo pasó hasta su muerte.
Pero ahora, es la propia Elia la que está convaleciente en un hospital, y se niega a olvidar; sus recuerdos se agolpan en su memoria y las imágenes de lo alguna vez vivido le golpean con fuerza la mente. Elia no quiere borrar ni sustituir esas imágenes que con tanto amor atesora.
Y lo que ahora la atormenta es ¿por qué su padre necesita a otra mujer? ¿Acaso no están bien ellos solos? ¿Por qué se deja engatusar por esa bruja? ¿Por qué de repente la foto de su madre sobre la cómoda ha desaparecido?