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Shvoong Principal>Libros>Reseña de Robin Hood: ¿Historia o Leyenda? (Segunda Parte )

Robin Hood: ¿Historia o Leyenda? (Segunda Parte )

Reseña del Artículo   por:Freelance    
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Entre las anécdotas que se han transmitido a lo largo de los tiempos respecto de la valentía de Robín Hood, figura la visita que Robín, flanqueado por su íntimo amigo Pequeño John, realizò a la abadía de Abbey. El abad les solicitó a ambos que demostraran su destreza con el arco; Robín y Pequeño John arrojaron flechas desde el tejado del monasterio y éstas cayeron, una frente a la otra, a ambos lados de una calle de Whitby Lathes, a más de un kilómetro y medio del monasterio. El abad ordenó levantar pilares de piedra en los sitios donde se habìan clavado los arpones; estos pilares perduraron hasta fines del siglo XVIII. Los campos donde se desplomaron las flechas recibieron el nombre desde ese entonces Cercado de Robín Hood y Cercado de Pequeño John. Justamente Pequeño John, segundo de Robín, recibió su mordaz seudónimo a causa de su gran estatura. Robín y sus hombres se volvieron populares, entre otras razones, porque llevaron adelante una actividad inagotable en un territorio muy vasto. La bahía de Robín Hood, que se halla distante muchos kilómetros de las costas del condado de York, fue bautizada así en recuerdo del proscrito, cuya banda tenía ancladas allí numerosas chalupas, que utilizaba fundamentalmente para pescar y, eventualmente, para huir de las autoridades. Durante uno de sus viajes, Robín pidió audiencia para visitar la iglesia de St. Mary, en Nottingham; una monja de la congregación después de reconocerlo dio aviso al sheriff. Robín echando mano a su espada , antes de ser arrestado, mató a 12 soldados. No pudo ser enjuiciado porque Pequeño John, al frente de un nutrido grupo de proscritos, se abatió sobre Nottingham y redimió a su jefe; de paso, buscaron a la monja y después de encontrarla, le dieron muerte. Mas allà de todas estas peripecias, lo que realmente transformó a Robín Hood en un héroe popular resultò se su defensa a favor de los desamparados. Se adueño de las riquezas de los poderosos y las repartió entre los pobres; además, al enfrentarse a las impopulares autoridades de esa época, obtuvo el apoyo de los campesinos abrumados. Uno de los más gloriosos relatos emanados de los robledales de Sheewood, es la fábula referida al encuentro de Robín Hood con el rey Eduardo II. Cuenta que el rey, al saber que el número de ciervos reales de Whenwood menguaba debido al apetito de Robín Hood y su banda, resolvió limpiar de proscritos el bosque. El rey y sus caballeros disimularon sus apariencias con disfraces de monjes y se internaron a caballo en el bosque. Cuando se toparon con Robín Hood y con parte de su banda, éstos les reclamaron dinero; el rey les ofreció cuarenta libras no sin antes decirles que eso era todo lo que tenía. Robín tomó entonces veinte libras para repartir entre sus hombres y devolvió las otras veinte al rey. Fue entonces cuando Eduardo II mostró a Robín el sello real y notificó al proscrito que el rey quería verlo en Nottingham; Robín pidió a sus hombres que se arrodillasen ante el sello real y prometieran fidelidad al rey. Más tarde, la banda invitó a los «monjes» a comer: la comida no fue otra que venado real a la brasa. La leyenda asoma en A Lvtell Geste of Robyn Hood, un libro publicado en 1459. Quizás todo esto no sea nada más que una leyenda; pero el rey estuvo ciertamente en Nottingham en noviembre de 1323, y la narración de su encuentro con Robín Hood es afín con lo que se sabe de su personalidad. Además, el nombre de Robín Hood surge meses después, en 1324, en los registros de la casa de Eduardo II. Allí plasman constancias de los salarios que se abonaron a Robín hasta noviembre de ese mismo año. A partir de esa fecha, el nombre de Robín se esfuma de los documentos oficiales para adentrarse nuevamente en el folklore. Es viable que, después de complacerse durante tanto tiempo de la libertad en el bosque, Robín se resistiera a ponerse al servicio de nadie, ni siquiera de su rey. Las aventuras de Robín Hood en los bosques se prolongaron hasta cerca de 1346; se afirma que murió en ese año, en el monasterio de Kirklees. Parece que la sacerdotisa apresuró la muerte de Robín cuando éste le solicitó que pusiera fin a los dolores que soportaba: la religiosa -se dice- realizó a Robín una sangra tan dilatada que ya no pudo reponerse. La historia concluye cuando Robín Hood logra hacer sonar por última vez su cuerno de caza, que le le alcanzara su fiel compañero, Pequeño John. Antes de morir, Robín arrojó una flecha desde la ventana de su habitación, en dirección al bosque, y solicitó que lo sepultaran en el sitio donde la flecha hubo de haber caído. Aún hoy es posible distinguir el sitio que Robín eligió como sepulcro. La de Robín Hood es una historia fantástica, novelesca, pasional y romántica que se ha mantenido viva y ha sido narrada y vuelta a relatar durante seiscientos años. Sea que se trate de un mito o de una historia real, de un hecho histórico o de una leyenda, el mito de Robin Hood es algo que permanece en el misterio.

Publicado el: 19 julio, 2010   
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