La vida en la superficie no parece ir acorde con Drizzt Do’Urden, pues al ser un drow, su herencia le persigue: el sol daña
sus preciosos ojos lilas; por lo que él debe esconderse en cuevas durante el día.
Sigue peleando con los enemigos que
encuentra a su paso, pero esta vez no son monstruos de la oscuridad; sino orcos.
Drizzt decide que no puede quedarse toda la vida en ese lugar por lo que se dedica a explorar los alrededores hasta que estos se le quedan pequeños y definitivamente abandona ese lugar.
Pero huir de tu herencia familiar… no es fácil. Allí donde va, a cualquiera que ha oído hablar de drows, no le es muy complicado hacer la relación, por lo que el elfo no encuentra a nadie con quien entablar amistad. Pero eso cambia cuando encuentra a Montolio DeBrouchee, quien se convierte en su nuevo maestro de esta vida en el exterior.
Pero Montolio es un hombre viejo, y aunque fuera un bebé, Drizzt viviría muchos más años que él. Y tras la muerte del vigilante, Drizzt vuelve a marchar.
A todo esto, un hombre llamado Roddy que no deja de perseguir al drow para cobrarse una especie de venganza y matarlo.
Y por fin, Drizzt llega al
valle del Viento Helado, donde conocerá a Cattie-Brie y a su padre adoptivo Bruenor quien al principio no le verá con buenos ojos, pero tras que su ‘hija sea rescatada por el drow… reconsiderará su posición e incluso ayudará a Drizzt a librarse de Roddy (no le llegan a matar).
Así , Bruenor da la bienvenida a Drizzt al Valle del Viento Helado, que se convertirá en su hogar y junto a Cattie-Brie y Bruenor las aventuras no harán más que empezar.