Himmler, el Reichsführer, ordenó la entrega, a las escuelas de las SS y a las colonias de inmigrantes, de varios millares
de vestidos de buena calidad procedentes de los - arios de Europa occidental. Con esta medida Himmler procuraba robustecer su posición entre los alemanes y. sobre todo, entre los hombres de su "imperio personal": las SS. La distribución más importante fue llevada adelante por el Obergruppenführer Lorenz. En febrero de 1944 se habían expedido ya varios vagones de ropa al servicio que dirigía Lorenz: Hauptantt Volksdeutsche Mittelstelle (departamento de los nacionales alemanes, oficina central: VOMI). Se embalaron hasta treinta y dos mil trajes completos, cifra en verdad moderada, pero que se explica si se piensa que la organización Lorenz recibía envíos parecidos de otros campos de concentración, sobre todo de los especializados en la liquidación de judíos y de polacos. Algunos trajes destinados a la Ledertrennerei (comando de curtido) llevaban huellas visibles de balas. Sin embargo, en principio, los Einsatztruppen SS fusilaban a los hombres y mujeres completamente desnudos. Antes de fusilarlos los obligaban a desnudarse y ellos mismos cargaban su ropa en los camiones que las llevarían a la desinfección, dentro de los campos de concentración, pasando toda a disposición del SS Obergruppenführer Lorenz. Pero en las aldeas en que la población, siendo consciente lo que le esperaba, se negaba a acudir al llamamiento de los dirigentes SS y escapaba a los bosques cercanos, la tropa hacìa fuego sobre los porfiados: una orden es una orden. La operación en estos casos resultaba fácil: había que recobrar la ropa de los muertos; se les desnudaba, se recogía la ropa de los cadáveres y a éstos se los sepultaba en fosas colectivas. Cantidades enormes de esta ropa vieja, en particular todos los cueros destinados a la "fábrica de calzados", llegaban en trenes especiales a la pequeña estación del campo; después eran almacenados en las barracas de la Industriehof, la casa de la industria. Nadie podìa tocar nada allí. -Todo debe ser cortado. Restlos! (que no queden restos!). ¿Y por qué? Estos eran los campos diamantíferos, las minas de plata y de oro del III Reich. A nadie se le ocurrirá nunca hablar de esto, era un tema prohibido, como el crematorio... En dos barracas especiales, pintadas de verde, como todas las demás, trabajaban día y noche un millar de prisioneros que se alimentaba y dormìan en el mismo sitio, la fábrica de calzado. Estos no asistìan a las concentraciones, permanecìan en el más total aislamiento. Ers la famosa Ledertrennerei, comando de truncamiento de cueros y vestidos, colindante con el crematorio. Era un comando que no existìa más que en Sachsenhausen, adonde llegaban los «materiales» recuperados en los otros campos. La Effektenkamrner poseìa un almacén de vestuario contiguo a este comando tan especialmente querido por las SS. Gracias a esta circunstancia se podìa observar con bastante frecuencia cómo se desarrollaba la cadena sin fin de los transportadores llevando cantidades exorbitantes de vestidos o extrayendo remolques repletos de zapatos. La descarga de un tren duraba uno o dos días. La actividad de este comando de bataneamiento no consistìa en recuperar el cuero, sino en registrar sistemáticamente todos estos cargamentos: zapatos, botas, zapatillas de hombres, mujeres y niños; después, bajó el control de los SS, los cortaban en tajadas... A menudo solìa ocurrir que, entre las suelas, o en los talones, habìa ocultas divisas, joyas y brillantes disimulados por las víctimas una vez que se hubieran enterado de su deportación a otro país. Los vagones llegaban a París, de Compiégne, de Rotterdam, de Bruselas, de Praga, de Varsovia, de Lublín, de Belgrado y de Budapest. A menudo, durante el trayecto los SS desnudaban a los «inmigrantes», les quitan los zapatos y les dejaban desnudos y descalzos en la nieve. El Kommando Ledertrennerei —esto no es un secreto— era no otras cosa que un segundo yacimiento, un verdadero filón de diamantes, pues en los zapatos de aquellos que no eran merecedores de vivir llegaron a encontrar en más de una ocasión hasta brillantes de la mejor calidad. Así, pues, Sachsenhausen era, poco más o menos, el Transvaal del Reich. El capataz de esta mina de diamantes en Sachsenhausen, el SS Hauptsturmführer Kug, para obligar a los obreros a darse prisa en el trabajo, tenìa como colaborador a un detenido de derecho común, Rudolf Werth, joyero profesional en Aix-la-Chapelle, ex-tesorero del Partido en su ciudad pero que, por malversaciones, se ganó un año de reclusión, lo cual resultaba excesivamente poco. Para ser perdonado de sus faltas pasadas, trataba por todos los medios de infundir ardor en el trabajo a los- prisioneros que despedazaban el calzado. A pesar de las precauciones que se tomaban en el campo, mediante una estrecha vigilancia, las fugas de prisioneros eran numerosas.