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Síntesis y críticas breves

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El Tesoro de los Nazis (Cuarta Parte)

por : Freelance    

Autor : La Historia del Tercer Reich
Después de haber trabajado como convictos descargando cemento, al encontrarse en esta barraca propia con un centenar de compañeros,
todos ocupados en trabajos de oficina, entre secretarios, contables, mecanógrafos, estos afortunados tuvieron la sensación de ser empleados de banca. Siendo el campo una simple administración de bienes del Reich, una finca de explotación más confiada a la Organización SS, el derecho sobre la vida y la muerte estaba supeditado a la decisión del Cuartel General de Himmler, cuyos representantes en los campos eran los jefes de la Poütische Abteitung. Ellos controlaban las ejecuciones, ordenaban los traslados, llevaban a cabo los interrogatorios, comunicaban los objetos de valor que era necesario preparar cuando un alemán debìa ser redimido, lo cual era sumamente extraño raro. Antes de verlo con los propios ojos, jamás se hubiera imaginado uno la BItektettammer de Sachseitausen y la Inspección de los Campos como la mayor bolsa de divisas y de oro y que estuviera regentada por el Reichsfübrer SS. Durante la batalla de Moscú, cuando (Goebbels lanzó un apelación a la población invitándola a entregar a los soldados que estaban en el frente las prendas de lana y abrigos que tuviesen, el depósito de Sachsenhausen vio acrecentadas sus existencias con un convoy de treinta vagones de ropa: jerseis, bufandas, calcetines, ropa interior y una descomunal cantidad de abrigos y pieles. Si todas las futuras víctimas de este gangsterismo generalizado respondieron al llamamiento de Goebbels entregando todo su dinero, su oro y sus divisas, así como toda la ropa que tenían en buen estado, fue porque se dejaron engañar por las proposiciones de los SS, quienes, en el momento de su detención, les aconsejaron, aparentando ser buenas personas: ustedes van a quedar bajo nuestra protección durante largo tiempo, ¿para qué guardar y dejar allì abandonados sus bienes? Asì, engañados, entregaron todo lo que poseìan…; el procedimiento de confiscación era el mismo en todas partes, en Francia, en Holanda, en Bélgica, en los Balcanes, en Europa Central, en Polonia o en los países bálticos. Las poblaciones "trasladadas" cargaban con sus sacos y maletas para estar a buen resguardo, seguras de que, en su "nuevo país", podrían al menos subsistir hasta que la situación cambiara; obviamente no era asì. Con los polacos y judíos que residìan en territorios integrados en el Reich empleaban un método distinto. Estos tenìan que ceder su morada a los colonos alemanes, a cuyo poder pasará todo lo que en ella se encuentre, incluídos muebles y hasta la ropa interior. El secuestro era efectuado por el Comisariado de recuperación de la nación alemana (el Reichskommissariat für dic Festigung des deutschen Volkstums, R.K.F.D.V.), cuyo jefe no era otro que Himmler. Sus criterios eran precisos y terminantes; cada polaco podìa llevar consigo una maleta, un traje completo y una manta. No podìa llevar acciones, ni divisas, ni cuenta bancaria ni objetos de valor (oro, platino, etc., a excepción de la alianza). Era, sin embargo, permitido que los "trasladados", recuperasen en sus compañeros los objetos de primera necesidad que podìan hacerles falta. En cuanto a los "transferidos", de Hungría, éstos debìan llevárselo todo consigo a fin de evitar la sustracción de sus bienes a modo de pillaje a manos de sus compatriotas que se quedaban. Esta avalancha de oro, de divisas y de ropa de buena calidad representaba era un aumento progresivo para las arcas opulentas de las SS. Ya no era necesario para la industria trabajar para atender a sus necesidades: así podía dedicarse exclusivamente a la fabricación de uniformes y de armamento.. En principio, todo lo que ingresaba en Sachsenhausen: ropa, maletas y su contenido, era rigurosamente contabilizado. Después, una vez hecho el inventario de todo ello, lo tomaba a su cargo la Administración de los Bienes de los Deportados. Todo estaba impecablemente organizado. El almacenaje y control del calzado y vestuario era cosa de otros: los prisioneros encargados del almacén. Lo hacìan ntroduciendo cada lote individual en un saco de papel (con frecuencia quedaba demasiado justo, porque era milagroso ver lo que un refugiado, posiblemente apremiado por el tiempo y por las amenazas de los SS, podìa meter en una simple maleta). El funcionamiento del servicio del campo merecía toda clase de elogios, al menos hasta febrero de 1943, mes en que los objetos pertenecientes a los eslavos (rusos y polacos) partieron hacia la "disolución". El hecho de que los trastos viejos fuesen tratados y ordenados individualmente, permitía prever que algún día llegaría la liberación. A partir del otoño de 1943, las cosas cambiaron.  
Publicado el: noviembre 07, 2009
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