Al festival de cine de Cannes ha llegado un millonario ruso con el propósito de llevar adelante una extraña y perversa venganza.
Su nombre es Igor, tiene 40 años y el pelo gris; un hombre que se ha hecho desde abajo, que fue soldado y mató a gente en la guerra. Después de muchos sacrificios Igor ha triunfado en el mundo de los negocios gracias a los teléfonos móviles, a su fe cristiana y a su perseverante deseo de poder.
Todo lo que tiene Igor, un mundo a su medida donde todo le es permitido, comienza a derrumbarse, a perder sentido, cuando Ewa, el amor de su vida, lo abandona y se marcha con un modisto árabe de alta costura, también ambicioso, poderoso y millonario.
Sin embargo, el problema de Igor no es el modisto sino Ewa; no le importaría perdonarle su infidelidad, – cualquiera puede enamorarse de otro, nadie es dueño de nadie-, pero jamás le perdonará su traición a un proyecto familiar que venían planeando juntos desde mucho tiempo atrás.
Su plan consiste en “destruir otros mundos”, en asesinar a sangre fría a cualquiera, para demostrarle a Ewa que es capaz de hacer cualquier cosa para recuperarla, para que vuelva a su lado. Otra lectura –sugerida por Coelho- es que los crímenes de Igor involucran de manera directa a su ex -mujer intimidándola, y a la vez haciéndola culpable de cada una de las muertes. Si Ewa vuelve con Igor, supuestamente, éste dejaría de matar…
A grandes rasgos es esta la trama del último libro de Coelho. Otros personajes que asisten al festival de Cannes en busca de oportunidades, fama y dinero colaboran al desarrollo de la novela.
“El vencedor está sólo” también es un retrato despiadado, un radiografía casi perfecta, de cómo vive, actúa y se reproduce la “superclase”; término que define a aquellas personas que ya han obtenido todo lo que deseaban en esta vida y que no hacen otra cosa más que dedicarse a conservar aquello que tienen por temor a perderlo.
Para Coelho, como para muchos hombres sabios, el sentido no viene dado desde afuera sino desde dentro; está oculto en cada ser humano y la vida no es más que un camino que se recorre para develarlo. Por el contrario, los miembros de la “superclase”, esta élite rica y poderosa, no sólo están convencidos que el sentido viene de afuera, sino que son ellos los que lo inventan, los que le brindan al mundo, a sus pobres y aburridos habitantes, algo por lo que vale la pena vivir.
Conforme a esta idea la “superclase” inunda el mundo de marcas, de modas, de mentiras, de máquinas, de sueños y deseos imposibles y los pone a la venta. La gente que puede pagar los compra y cree que el sentido de su vida es consumir, desear y consumir. De este modo la gente común se tranquiliza, obedece y trabaja sin cesar; consumiendo reproduce desde abajo los valores de los de arriba y les permite a éstos trasladarse en limusina y seguir ejerciendo un poder despótico.
Sobre esta breve e inacabada mirada sociológica se apoya y crece la novela de Coelho. Por mi parte, no creo que los ricos sean tan infelices y tan corruptos como los retrata Cohelo, pero en líneas generales, a juzgar por cómo está el mundo de hoy, y si de asumir responsabilidades se trata, Paulo Coelho está en lo cierto: la ambición y el poder – el capitalismo salvaje- en vez de darle sentido al mundo se lo quita. Creo que de esto trata la novela de Coelho; un libro que no es un trhiller, pero que puede leerse como un trhiller y verse como si estuviera siendo proyectado en la pantalla de un cine. Gracias Pablo.