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Síntesis y críticas breves

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Alcibíades II o De la oración

por : Pepague    

Autor : Platón
Este diálogo fue atribuido en la antigüedad al filósofo Platón (428-347 a de C).
En él se discute, no sólo acerca de
la utilidad de la oración, sino de cómo debe el hombre dirigirse a los dioses y la actitud qué éste debe observar ante ellos.
Alcibíades era un importante estadista, orador y general ateniense.
En un primer momento, Alcibíades se dirige, a rezar a los dioses, muy arrepentido y pesaroso y en el camino encuentra a Sócrates el cual al enterarse de su intención, trata de hacerle observar, que es necesario ser cauto al pedir algo a los dioses, porque tal vez lo que pedimos se realiza, pero convertido en desventura, como le sucedió a Edipo.
Edipo estaba loco replica el joven.
Sócrates le hace ver que si bien Edipo estaba alienado aún hoy día se pueden encontrar muchos, que sin verse arrastrados como él por el enojo, seguramente pedirán a los dioses males, creyendo pedirles bienes. Porque, con respecto al pedido de Edipo, si no pedía exactamente bienes, tampoco creía pedirlos, mientras que otros hacían todos los días lo contrario; y sin ir más lejos, Alcibíades, dice Sócrates, si el dios a quien vas a orar se apareciese de repente, y antes que expresases tus deseos te preguntase, si estarías contento con ser rey de Atenas, y si esto te parecía demasiado poco, rey de toda la Grecia, y si aún no estabas contento, te prometiese la Europa entera, y añadiese, para satisfacer tu ambición, que en aquel mismo día el universo entero sabría que Alcibíades, hijo de Clinias, era rey; estoy persuadido de que saldrías del templo trasportado de alegría, como quien acaba de recibir el mayor de los bienes.
Luego siguiendo el diálogo, Sócrates le pregunta si Alcibíades sabe distinguir bien a los cuerdos de los alienados, para luego proseguir con el siguiente razonamiento, en el cual Sócrates hace ver a Alcibíades que si la locura es lo contrario de la cordura, la locura sería idéntica a la insensatez; y como los insensatos son mayoría, la vida resultaría insegura entre tantos locos; por el contrario, según su opinión, es menester comprender que la insensatez es un término general, y que la locura no es más que su forma extrema. Ahora bien, si se puede ser insensato sin ser loco, prosigue Sócrates, no es menester pedir con demasiada ligereza a los dioses, sin saber si los dones pedidos nos serán verdaderamente útiles, mucho mejor sería implorar sólo, genéricamente, el bien y pedir que se nos evite el mal.
Alcibíades contesta que la ignorancia es causa de todo mal.
Sócrates, le contesta que solamente la ignorancia del bien es siempre dañosa, mientras que el conocimiento del bien es siempre provechoso y para aquellos que siempre se fundan en la opinión, el no saber es, por lo menos, un freno ante conductas que bien podrían encerrar el mal, agregando que para quien no posea la ciencia del bien, hasta la oración puede producir un mal efecto.
La conclusión final a la que llega el maestro es que, es mejor que Alcibíades no se precipite en la acción de pedir a los dioses, sin antes de haber aprendido cómo se debe comportar ante ellos.
Alcibíades queda tan agradecido a Sócrates por sus enseñanzas que para recompensarle por consejos tan saludables, le coloca una corona sobre tu cabeza, prometiendo que también les ofrecerá coronas a los dioses, además de las tradicionales ofrendas.
El acto de Alcibíades emociona al maestro.
Platón finaliza este diálogo con la contestación agradecida que Sócrates le brinda a Alcibíades.
Publicado el: agosto 27, 2009
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