Octavio Velasco del Real, Dr en filosofía y letras y catedrático de geografía e historia, nos narra su
viaje de Roma a Jerusalén
después de visitar la exposición de París y tras observar las maravillas y adelantos técnicos y científicos que allí había, decide que le vendría bien un lugar menos concurrido y se va a Roma a mediados de octubre de 1869. Dice de Roma que las calles eran sucias, vida barata y costumbres atrasadas.
De allí se va a Corfú, la impresión de lejos es inmejorable pero de cerca atrasado y melancólico, queda en Corfú a esperar algún barco procedente de Marbella. Dos días después coge un vapor con destino a Esmirna. Recorrerá Chipre, Beyruth, Damasco,Tiro,jaffa, Gaza, Jerusalén.
De Jerusalén nos dice que hay pocas calles como se entienden en Europa, la mayoría son callejas y callejones estrechos y oscuros, abovedados en su mayoría. En la calle del Bazar y la de la columna está la mayor parte del bullicio comercial de Jerusalén. Son lo más parecido a calles.
El resto son callejuelas en las que habitan los pueblos de los que llevan el nombre: turcos mogrhebinos, armenios ,cristianos. Los judios ocupan un cuartel entre el Haram y el monte de Sión. La higiene es bastante deficiente. Los burros tienen una nutrida presencia en el Jerusalen de aquella época. La civilización occidental está bastante presente: librería francesa, cafés, casas de banca, estudios de pintura y escultura y talleres de objetos conmemorativos en abundancia.
Hace un repaso de la historia de Jerusalen, de la religión y literatura de los Hebreos, todo ello ilustrado con bellísimos grabados.
Tras cinco meses de experimentar profundas emociones e inolvidables emociones y sentir como renacía en él, la Fé , toma rumbo a Barcelona.
Pero mientras miraba las olas en su mente estaban frescas las imágene de los Santos lugares, Belén, Hebrón,El Templo de Salomón, Jericó, Genesaret, El Santo Sepulcro, El Monte de los Olivos y escritos como las palabras de San Juan alimentaban su intelecto.