Liber Logaeth, (el manuscrito cifrado conocido como Al-Azif)
John Dee, prominente brujo del período isabelino inglés
(2ª mitad del
siglo XVI), no sólo se desempeñó como brujo personal de la reina Isabel primera, sino
que desarrolló una interesante lista de proyectos por su cuenta, de
entre los cuales destacan el intento por hacerse con el secreto de los
templarios (i.e. El Grial) para controlar Europa, fabricar oro, ocupar
ángeles para sus propósitos más oscuros y sublimes... y de paso establecer
un lenguaje especial para trabajar con estos seres. El lenguaje incluíye un alfabeto críptico que hasta hoy no se sabe si, tal como John
Dee decía, le fue revelado por un ángel –que él llamaba Enoch- o
simplemente se lo inventó, tal como alguien inventa un sigil para
concentrar su poder o voluntad. Esos símbolos se conocen como Enochian
Calls o Invocaciones de Enoch, y no tienen nada que ver con El Libro de
Enoch de la tradición Judía.
Parte de los misterios que rodean a Dee se deben a la cantidad de
intelectos proclives al ocultismo que vivieron en esa época, cosa que
hace muy difícil saber la autoría real de ciertos trabajos. Hay toda
una controversia respecto a la posibilidad de que los trabajos de John
Dee en realidad sean obra de Edward Kelley, uno de sus sirvientes, que
a su vez no sería sino una identidad falsa que asumió Roger Bacon,
alquimista del siglo XIII, para no revelar que él no envejecía. A su
vez, y supongo que por un curioso alcance de nombres, aparece el
personaje de Francis Bacon, Lord Guardián del Sello de la Corona o un
título así de ridículo, también aficionado a la astrología y alquimia,
quien curiosamente fue el financista de varias obras de Shakespeare, de
quien se dijo que habia obtenido su capacidad literaria producto de un
pacto con el diablo. Otros simplemente dicen que Shakespeare no fue más
que la marioneta que Francis Bacon utilizó para publicar sutiles
críticas políticas, tal como Hamlet hace al contratar un grupo de
actores para representar “La Ratonera” y así incomodar a su tío, el
Rey. Y finalmente están los que dicen que ambos Bacon, Kelley, Dee y
Shakespeare, eran y siguen siendo la misma persona.
Pues bien, Colin Wilson y George Hay escribieron en los años
ochenta un libro que se enmarcaba en los mitos de H.P. Lovecraft, y
consistía simplemente en una serie de
cuentos. Wilson cuenta que Hay,
inspirándose en una historia de David Langford, le sugirió que
escribieran algo que pudiera ser el Necronomicon. La idea era que
siempre sería más sencillo hacer referencia a un
texto falso que
estuviera a la mano que a uno igual de falso pero imaginario. La idea
de David Langford aparece en uno de sus cuentos, en donde una
computadora logra descifrar uno de los manuscritos de John Dee: el
Liber Logaeth, el cual resulta ser The Book of the Dead Names… Con el
tiempo los autores hicieron más negocio publicando este texto que
inventaron para sus cuentos, pero cualquiera se da cuenta de la
falsedad del invento, puesto que nomicon no tiene nada que ver con la
forma latina de “nombre”. El término necronomicon empieza con necro que
es griego… por lo tanto nomicon es una palabra griega y asi,
Necronomicon significa “Libro de las Leyes Muertas”. Como si esto fuera
poco, un grupo de estudiantes universitarios hizo circular por internet
un complemento al Liber Logaeth, escrito con similar estilo pero con
diferencias notorias. Este complemento se conoce como “El Texto de
R’Lyeh”.En resumen, querido lector, el Liber Logaeth, que ud. podrá encontrar en sitios web de aficionados a la alquimia o la brujería, no es más que un texto espurio escrito por dos autores del siglo XX como material de apoyo para sus cuentos fantásticos.Y eso es todo.