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Shvoong Principal>Libros>Reseña de La Caìda de Hitler (Primera Parte)

La Caìda de Hitler (Primera Parte)

Reseña del Artículo   por:Donanfer     Autor : Anònimo
ª
 
El 3 de febrero de 1945, novecientos treinta y siete bombarderos B-29 estadounidenses convirtieron en un gran cùmulo de cenizas y polvo el centro de Berlín; la vieja Cancillería del Reich, un palacio neobarroco de la época de Bismarck, ardió en llamas durante una gran cantidad de horas interminables. La nueva Cancillería, en la jurisdicción gubernamental, sufrió también severísimos estragos, en el jardín podían verse innumerables agujeros producidos por los boquetes de las bombas, ya no había electricidad y un carro-cisterna proveía el poco agua disponible. La zona del centro era un montón de incendios, destrucciones y escombros. En la nueva Cancillería, las bombas habían demolido además las habitaciones y el fuego desmantelaba las salas de juntas. La mañana del 4 de febrero Hitler se refugió para siempre en el mundo subterràneo del Tercer Reich y nunca mas regresò a la superficie. El búnker totalmente autònomo, tenìa todo lo que debìa tener , no era ni màs ni menos que una suerte de planeta con vida propia, poseìa un sistema de calefacción e iluminación, agua potable día y noche, despensas con conservas y víveres para seis meses y una bodega construida especialmente bajo las òrdenes del Fuhrer con los mejores vinos. A partir de febrero, la noche y el día empezaron a carecer de significado; a poartir de entonces, Hitler vivió sólo en la iluminación artificial del búnker, solo algunas veces, después de los bombardeos, salía con "Blondi", su perro favorito, a tomar un poco de aire en el jardín, devastado por las explosiones de tanta bomba incendiaria.. A principios de febrero de 1945 la ciudad de Dresde, la joya alemana del oriente, contaba con 800 mil, quizá un millón de personas: seiscientos cuarenta mil eran ciudadanos alemanes, el resto eran refugiados. La noche del 14 de febrero la fuerza aérea inglesa inició el bombardeo de Dresde y exterminó a cuarenta y cinco mil personas, quizá con Hamburgo la mayor pérdida de vidas humanas en una ciudad alemana durante la guerra aérea.El ataque a Dresde se remontaba a los planes aliados del verano de 1944, en los que se intentaba una masacre total con más de cien mil muertos en el bombardeo de Berlín.Hitler escuchó la noticia de la destrucción de Dresde impávido, apretando los puños. Goebbels exigió de inmediato la ejecución de decenas de miles de prisioneros de guerra aliados, uno por cada ciudadano muerto en el bombardeo. Hitler se manifestó de acuerdo con la idea, porque estaba convencido de que si los alemanes eliminaban a los prisioneros de guerra, los aliados tomarían represalias más brutales, y así evitaría la deserción masiva de las tropas alemanas del frente occidental. Heinz Guderian, comandante de las divisiones de tanques, afirmaba que los soldados en el frente oriental luchaban mejor, porque en el frente occidental se les prometía un mejor trato a los prisioneros, "según esa estúpida Convención de Ginebra. Hay que acabar con esa absurda Convención, la guerra debe ser sin piedad", argumentó el general. Sin embargo, el Estado Mayor impidió a Hitler dar ese salto al vacío. El 12 de febrero, "los Tres Grandes" (Roosevelt, Stalin y Churchill) publicaron un comunicado desde Yalta, en Crimea, donde llevaban una semana reunidos discutiendo la situación de Alemania y Europa: "Alemania será dividida y desmilitarizada, su industria estará bajo el control de los aliados, se pagarán indemnizaciones, se juzgará a los criminales de guerra y se abolirá el Partido Nazi". Al recibir la noticia desde Yalta, Hitler no pareció impresionarse demasiado. El comunicado de "los Tres Grandes" revalidaba su reconocimiento: no capitularìa jamàs, por ninguna razòn . Durante la noche del 11 de marzo de 1945, Hitler estuvo a un paso de sobrellevar un colapso nervioso al anoticiase de que las tropas del general Steiner no habían obstaculizado a los soviéticos en la parte norte de Berlín; su médico, Theodor Morell, lo había encontrado tan angustiosamente deprimido , que le aconsejò una inyección de vitamina B-12, pero el Führer se rebeló con una furia irrefrenable, llenò de insultos al médico y comenzó a gritar, sugestionado de que sus generales querían inyectarle morfina, enviarlo a Salzburgo en un avión y, trasladarlo a su refugio en los Alpes oculto en un automóvil. Los ataques de paranoia se sucedìan cada vez con más frecuencia e intensidad Cuando no se hallaba reunido con su Estado Mayor y discutía los movimientos de las tropas, pasaba la mayor parte del día y de la noche en su habitación del búnker, sumido en sus ilusiones o alucinaciones 
Publicado el: 24 mayo, 2009   
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