La frase "Japón es un país pobre" causa perplejidad respecto al país acreedor líder en el mundo. No obstante,
es un hecho histórico que el Japón logró su privilegiada posición actual sin la disponibilidad de recursos internos, salvo uno: sus recursos humanos. Este no fue el caso de las naciones occidentales a las que intentó emular, aunque este proceso de emulación haya sido a menudo denigrado como mera copia. Los años 70 y 80 han demostrado la elasticidad del dinamismo japonés, el doble logro en cuanto a alta tecnología y boom financiero, indican que Japón ha aprendido bien su lección y ahora está parado sobre sus propios pies. En la última mitad del Siglo XIX, este alumno que entró tarde en el desarrollo económico, fue capaz de reconocer las ventajas obvias del acceso directo a los recursos naturales para la industrialización, trátese de recursos propios o foráneos. Esto, a su vez, condujo al Japón a aventuras militares con otros países. Así pues, el modelo occidental falló por dos razones: (1) el colonialismo occidental fue frenado por el pillaje colonialista japonés, y (2) también el colonialismo japonés falló. De las miserias de la guerra surgió otro modelo de desarrollo basado en los recursos humanos. y si las estadísticas económicas tienen algún sentido, este modelo alternativo parece válido y viable. La lectura de este libro hace surgir preguntas intrigantes. Si podemos hablar de un modelo japonés de desarrollo ¿será transferible? ¿Es legítimo hablar de una alternativa al modelo occidental de desarrollo, digamos un modelo no-occidental? El autor no presenta un trabajo académico que investiga las opiniones de los expertos. Recurre al mundo real japonés, al mundo de la industria y del empleo, de la competencia y de la productividad, e intenta describirlo tal cual aparece. No obstante, no pretende ocuparse solamente de una sola faceta de la gerencia: cómo las compañías japonesas gerencian los recursos humanos. Más bien se ocupa del meollo de la gerencia japonesa, particularmente del desarrollo de los recursos humanos, por supuesto, japoneses. Gerenciar y desarrollar son proposiciones diferentes. No cabe duda que las capacidades humanas son ilimitadas en todas partes; el problema es cómo desarrollarlas, no en teoría, sino en la práctica. En esencia, este libro describe las prácticas en uso en las compañías japonesas, su origen, su evolución y su resultado. Lo que está claro es que no fueron determinadas por puro altruismo; fueron dictadas por necesidades apremiantes y por la voluntad de desarrollar el único recurso interno disponible en abundancia. Esta preocupación por lo práctico significa un esfuerzo adicional para el lector. Y rara vez éste será nuestro caso, ya que fuera de su lugar de origen, consideran que estos mismos términos ingleses adquieren otros matices importantes, si no se les ha cambiado totalmente su sentido al interpretarlos. El término americano originado por una experiencia americana puede describir adecuadamente esta experiencia en el entorno; ese mismo término usado fuera de los Estados Unidos se aplica a una experiencia humana diferente, por lo que debe ser calificado con sumo cuidado. Los métodos, cualquiera que sean sus nombres, tienen primero que ser apreciados en su contexto original. Existe, por supuesto, mucho de "japonés" en las complejas y multifacéticos prácticas de desarrollo de recursos humanos en Japón. El autor al referirse a ellas con su terminología japonesa y, a riesgo de repetición, hace constantemente inter-referencias. Además, las descripciones no están limitadas a las prácticas de las grandes compañías. Mediante el extenso uso de fuentes secundarias e investigación primaria, el autor revisa detalladamente las prácticas de pequeñas y medianas empresas, sector donde trabaja la mayoría de la fuerza laboral japonesa.