Este libro es una secuela de Las aventuras de Tom Sawyer. En esta oportunidad, Mark Twain nos cuenta las hazañas de Tom,
Huck y Jim a bordo de un globo. Para conseguir más popularidad, los chicos, liderados por Tom, visitaron un famoso globo que viajaría por Europa y estaba en exposición. Pero el profesor que sería su tripulante, en un arrebato de cólera, despegó antes de que los muchachos pudieran bajar. Enseguida, Tom aprende como guiar el vehículo y se lanzan a la aventura aunque un poco asustados por el comportamiento del profesor. Ya sobrevolaban el océano cuando se desató una fuerte tormenta en la cual este último cae al intentar tirar a Tom del globo. Los chicos se sintieron aliviados con este suceso. Aunque esperaban alcanzar Londres, a causa de la tormenta que los desvió y la alta velocidad a la que viajaban terminaron en África recorriendo un desierto, que Tom creyó, era el de Sahara. Al aterrizar para estirar las piernas, Huck y Tom avanzaron hacia un bulto que vieron para averiguar qué era pero Jim los alertó pues había distinguido leones. Al continuar la marcha se encontraron con cosas fascinantes. Primero, una caravana de camellos y muchos hombres con túnicas y turbantes. Segundo, al acercarse a una colina, un vigilante que estaba allí dio voces a su gente quienes inmediatamente se lanzaron a asaltar a la caravana. Durante el viaje, para entretenerse, Tom contaba historias que Jim y Huck escuchaban con gran interés. Un día divisaron una gran mancha negra y descendieron intrigados. Encontraron un montón de cadáveres con sus pertenencias lo cual les avivó la curiosidad y permanecieron en tierra cerca de dos horas. Cuando volvieron al globo y luego de haber andado tanto estaban muy sedientos pero el agua estaba caliente y amarga por la exposición a las altas temperaturas del desierto. Medio deshidratados reemprenden la marcha y dan con un oasis pero al llegar descubren desesperados que era un espejismo. Luego de un par de visiones similares, finalmente encuentran donde refrescarse. Mientras descansaban se encontraron con otro grupo de leones y debieron otra vez salir corriendo hacia el globo. Al cabo de vagar algunos días tuvo lugar una fuerte tormenta de arena y el dirigible quedó repleto de dicha sustancia. Los tres pensaron que podrían volver a Estados Unidos y venderla con lo cual conseguirían una fortuna pero enseguida a Tom se le ocurre que iban a tener que pagar mucho dinero de impuestos por ser arena importada. Muy desilusionados deciden que no sirve para nada y se deshacen de ella. Continúan la travesía y llegan hasta las pirámides y la esfinge. Les causa mucho asombro visitar aquellas construcciones tan importantes. Tom y Huck entran en la pirámide y ver el sarcófago. Van a El Cairo donde presencian la magnífica procesión del sultán. En el camino se encuentran con un muchacho que se ofrece para guiarlos a cambio de una pequeña cantidad de dinero y comida. Los chicos acceden y visitan el mar Rojo, el monte Sinaí. Para mala suerte de Tom, se rompe su pipa y no le agrada ninguna de las que consigue. Entonces se le ocurre que Jim y el guía vuelen hasta la casa de tía Polly a traerle una, pues recordaba muy bien haber dejado arriba de la estufa una igual a la recién rota. Mientras tanto, él y Huck acamparían en el Sinaí para esperarlos y continuar con el viaje. Al llegar a América, la tía descubre que Jim está de regreso y lo manda a buscar a Tom inmediatamente. El muchachito no puede negarse y todos deciden volver a casa.