En La Mascara de la
Muerte Roja, el clásico cuento de horror de Edgar Allan Poe, el Príncipe Prospero recoge a sus cortesanos dentro de un castillo y los protege contra el mundo exterior. La razón: para escapar de la muerte Roja, una plaga parecida al Ébola que arrasó con todas las villas, marcada por un profuso sangrado y la muerte en media hora. Con muchas provisiones, el príncipe y sus mil cortesanos mantienen banquetes en los apartamentos decorados, ajenos a la pestilencia que recorre las afueras del castillo. Durante una mascarada, la alegría circundante es interrumpida a cada hora por el sonido del reloj mientras la medianoche se asoma. Al golpe de las 12, en el apartamento mas lejano de la suite, con su color sangre destacando las paredes, una mascara aparece con la forma de una persona afectada por la enfermedad de la Muerte Roja. Los cortesanos se asustan y se ofendan ante lo que consideran un chiste de muy mal gusto. El príncipe se enoja y ordena que cuelguen a esa persona - tal era su ira ante semejante insolencia. El mismo Prospero mide la figura enmascarada, pero cae muerto. Desesperados por el terror, los invitados se abalanzan hacia el intruso, pero se horrorizan al descubrir que no hay un cuerpo humano detrás del disfraz. Los asistentes quedan inmóviles y mueren repentinamente mientras la Muerte Roja reina en el castillo