MITO GOAJIRO
Un pueblo pre-colombino que habita la península de la Goajira al norte de Colombia, sostiene que Dios
fabricó al hombre y a la mujer con todos los atributos sexuales que hoy siguen ostentando lo seres humanos : un miembro viril bien colocado para el macho y una vagina entre las piernas proporcional y acondicionada para alojar al eréctil falo, en las mujeres.
Pero a Dios se le ocurrió dotar a la vagina femenina de la misma triple dentadura del tiburón.
Y este fue un fatal desequilibrio para los hombres que quedaban sometidos a la buena voluntad de las mujeres, porque ellas podían, eventualmente, destrozarles el miembro con su terrible dentadura.
Los “homo sapiens” quedaban rebajados a las mismas condiciones de algunos animales inferiores, como la “mantis” y algunas arañas machos que son sacrificados por la hembra a la hora del orgasmo.
Todos los hombres comunicaron entre sí su desacuerdo y resolvieron ir a plantear su queja ante el Ministerio Celestial de Reparos y Observaciones, Departamento de Mamíferos , Sección de Sexualidad Humana.
Sorprendido Dios les prenguntó si estaban descontentos de su mienbro viril o si éste no les suministraba suficiente placer y gozo en el encuentro sexual con las mujeres. Así mismo agregó que estaba dispuesto a eliminar ese instrumento que pareciera que sobraba en la fisiología humana, en la misma forma que el apéndice vermicular inútil que cuelga del intestino grueso y que conduce a la tan frecuente operación de apendicitis
Asustados por la desviación peligrosa que tomaba la entrevista, manifestaron que al contrario estaban contentísimos con su órgano sexual que les deparaba las más sofisticadas sensaciones y alegrias al penetrar gozosos a la dulce cueva.
Pero que ésa dulce penetración era una trampa que en muchas ocasiones terminaba con un destrozo total del arriesgado pene.
Por eso le pedían al Señor eliminar la dentadura de la vagina de todas las mujeres.
Con una sonrisa maliciosa y comprensiva el Señor del Universo los despidió y ordenó que se presentaran a su despacho las mujeres.
Por horas se prolongó la entrevista de Dios con el género femenino en masa y afuera todos los hombres inquietos y perturbados, tejían miles de hipótesis sobre lo que iba a suceder : desde ser despojados de sus atributos viriles hasta encontrar cerrado para siempre el nido de sonrosados terciopelos que obsesionaba a todo momento su recuerdo erótico.
Cuando salieron fueran asediadas por las preguntas ansiosas de los hombres : ¿Que había sucedido ? ¿Por fin el justo Dios había eliminado la dentadura vaginal de las mujeres ?
Todas, en medio de sonoras carcajadas afirmaron que en efecto la había eliminado, pero no dejaban de reir estrepitosamente, cómo si a cambio se hubiera establecido otra sumisión que les pareciera divertida.
Desde entonces la guillotina del amor ya no funciona pero en el cerebro del hombre se graba en forma imborrable el recuerdo de la mujer, como una imágen que se proyecta de continuo y que lo asedia de por vida. Siempre hay un cine rojo entre su mente, en el tugurio o en el bello barrio, que exhibe de continuo, sin horario, íntima cinta de cómplices ternuras.
Imposible olvidar lo que ha pasado, desteñir en rosado el rojo encuentro, vestir de gasas y de tules el sexo que siempre los espera desvestido.
Y ahora sí, cómo decía el filósofo de turno : » nos tienen cogidos de las huevas ».
Pero la telaraña que atrapa al hombre se teje lentamente.
En el adolescente masculino, el fenómeno de la vida, en todos sus aspectos, se vá revelando poco a poco, la alegria del ojo por el cual se revela la belleza del universo, la ventana del pensamiento que capta la luz exterior y la lleva hasta el cerebro asociada al sonido, al tacto, al olor y al sabor, que primero se experimentan y luego se disfrutan.
Cifras para abrir la caja fuerte del espiritu.
Descubrir las lágrimas que ruedan por nuestras mejillas, el estornudo que rasca la nariz, el bostezo que nos pide comida o que tan sólo nos aburre, el temblor del miedo y de la fiebre, el sueño y la locura, la cólera que nos domina y la enfermedad que nos agota.El sollozo y la risa, y el miembro viril que no sólamente orina, sino que inquieta y aterra, porque tiene una fuerza independiente, una inteligencia propia.
A veces se estimula, sólo, sin nuestra autorización.
Pero un día, una desnuda mujer que no comprendes, se junta con tu piel y te acaricia y luego te rechaza.
Hay una erección primigénia, misteriosa, que te hace prisionero de esa mujer.
El sedoso capullo de su púbis, se ofrece a la caricia de tu mano y al rozar amoroso de tus labios. Se aroman y destilan las flores y redomas de su sexo, que se muestra total, al abrir perezoso de sus piernas
Y aparece el sagrario humedecido, rosado terciopelo, que te invita a juntar sus mieles misteriosas con tu pene.
La penetras a fondo, ya sin miedo, para buscar los tesoros que se esconden más lejos cada vez, en una región que nunca alcanzas, y así será mientras tu vivas.
Los hombres goajiros con su reclamo a Dios, reividicaron su derecho a gozar y seguir viviendo después del acto sexual, para poder recrearlo mentalmente, en cine rojo, y clasificación X, en cualquier momento de soledad y olvido.