Avivamiento es una palabra que en sí misma tiene su atractivo. ¿Qué cristiano en alguna oportunidad no ha deseado
la vida espiritual que solo Dios puede darle? De hecho, hay momentos en los cuales la sequía del alma inunda nuestra vida y con cuánta vehemencia deseamos los ríos de agua que nos refresquen internamente. ¿Cuál es la clave para ese
avivamiento? La clave nos la ofrece Ravenhill en este clásico del cristianismo. En sus páginas aprendemos ese maravilloso secreto que hace que Dios se mueva, responda y haga. Hombres y mujeres de Dios y por qué no, todo aquel que lo desee, puede tener a su alcance las maravillosas riquezas divinas a través de la
oración que aviva. El libro responde preguntas que abren para el ávido lector los secretos de la unción, del fuego del Espíritu Santo en la vida, de un ministerio efectivo y ferviente, de una iglesia llena del poder divino. Ravenhil plantea con una elocuencia exquisita pero a la vez, descarnada, la forma como lo infinito se mezcla y actúa en lo finito logrando cambios. Pero a la vez nos enseña cómo la humildad afecta sanamente la relación con Dios; es esa humildad que al ser vestida con el ropaje de la dependencia, ilustra la paradoja bíblica de: mientras más débiles más fuertes. La tesis es sencilla pero exigente: mientras más tiempo pases delante de Dios en oración, tu vida y ministerio será más rico y efectivo; y la razón es que nadie puede superar su vida de oración. Eso rayaría en lo hipócrita. El avivamiento es terapéutico. Todo el que desee ser avivado por Dios, deberá en algún momento pasar por el cedazo divino, pero tendrá una gratificación inigualable.
El libro está escrito de una forma cautivante matizando sus vitales enseñanzas con frases de personajes célebres que nos harán anhelar las corrientes frescas de la presencia de Dios. No hay duda de que la lectura de este clásico nos devolverá el ánimo y el deseo de estar más cerca de Dios y de constituirnos en sus instrumentos.