Para los amantes del arte, aficionados o académicos, una situación casi desesperante. Cambiar miradas con la Mona Lisa en
el Louvre puede estar con los días contados. La tela comienza a deteriorarse, informó el Louvre hace algunos meses. Los franceses probablemente van a llorar como lloraron cuando fue robada del mismo museo en 1910 o cuando transitaba escondida por las calles de Francia en los tiempos de Hitler. Mientras tanto, aunque el original de la Mona Lisa un día desaparezca, hace mucho encontró otro hogar: el imaginario de los hombres, desde los más intelectualizados a los más iconoclastas. Pieza teatral, título de película, marca de torta, champaña, tostadas, la misteriosa dama tiene una existencia de lo mas inusitada desde que el maestro Leonardo la creo en el siglo XVI, como bien lo percibió el historiador ingles Donald Sassoon, que escribió un verdadero tratado sobre la mas misteriosa de las mujeres-fetiche. Comparándola con mitos femeninos, cuestionando la genialidad de Leonardo, levantando en curiosa investigación todas las apropiaciones de la bella señora en varias épocas, el libro ofrece contenidos variados que incluyen el arte y la cultura de Occidente, del Renacimiento hasta la pos-Modernidad, y aun regala al lector reproducciones de muy buena calidad editorial de telas famosas, incluyendo la de la propia Mona Lisa. Es posible pensar que el cuadro se transformó en una obra revolucionaria porque no se sabe qué motivó a Leonardo a pintarlo. No hay pruebas disponibles que comprueben el origen del modelo retratado en la famosa tela. Mientras tanto, todo hace creer que la “multitud incesante” que visita a la “Mona Lisa” en el Louvre, en actitud de adoración, ha sido movida por uno de los más bien montados marketings de la Historia, revela Sassoon. Pues, hasta mediados del siglo XIX, la “Mona Lisa” era apenas uno más de los cuadros del Renacimiento disputados por reyes para ornamentar sus palacios. Como buen historiador contemporáneo, el autor desecó el enigma y la magia que cercan a la “Mona Lisa”, abordando varios campos del conocimiento. Desde la confección a la técnica utilizada por Leonardo da Vinci en la realización del cuadro, su contextualización y la comparación con mitos femeninos, nada escapó al interés de Sassoon, que describe en su libro no apenas la trayectoria de la “Mona Lisa”, desde las copias hechas por pintores famosos a la reproducción en masa, como pone en cuestionamiento la genialidad de su creador, además de exponer la vitalidad del siglo XIX, vivenciada por monstruos de la cultura universal, como Baudelaire, Alfred de Musset y Théophile Gautier, todos sumisos a los encantos de la misteriosa dama. “Qué desea esa mujer? Qué desea una mujer?”, querían saber los intelectuales que dedicaron sus trabajos a descifrar la sonrisa de lado de la Mona Lisa en pleno siglo XIX, transformándola en el blanco principal de sus preocupaciones académicas. E en obsesivo objeto de deseo. Seria ella un travesti? La interrogación generada por la sonrisa enigmática de la divina dama, y de otras tantas, bien podría ilustrar la pregunta freudiana que tanta repercusión tuvo en el siglo XX y que hasta hoy da vueltas en las neuronas de muchos psicoanalistas. El libro investiga la trayectoria del fascinante cuadro. Sin dejar de abordar un tema bien contemporáneo: la desacralización de la “Mona Lisa”, emprendida por artistas radicales que osaron introducir bigotes, barba, ojos saltones y pipa, entre otras intervenciones irreverentes que ayudaron a popularizar a la legendaria imagen, abriendo camino para un arte menos enyesado. El auge del prestigio de la “Mona Lisa” se da en el inicio del siglo XX, cuando un ciudadano osó robarla del Louvre. Su desaparición temporaria fue llorada por los europeos que vivieron momentos de verdadero luto. Después de recuperada, habrá sido la misma que había sido robada? Este acto de osadía provocó otros. Fue suficiente para que su apropiación se diera en gran escala por escritores, pintores y poetas. De Marcel Duchamp al joven poeta comunista Nazim Hikmet, pasando por textos de Aldous Huxley, entre muchos otros, hasta llegar a las masas. Ya en 1960, la Mona Lisa anunciaba vuelos de Air India a Paris y ayudaba a vender chocolate, champaña, etc. Verborrágico, como acostumbran ser los historiadores munidos de interminables informaciones, el autor dedica capítulos y capítulos a las especulaciones. Y contribuyó decididamente para una de las más completas historiografías del arte occidental