Esta historiadora estadounidense interpreta los escritos coptos aparecidos en 1945 en Nag Hammadi, en el Alto Egipto. Tales textos forman un conjunto de evangelios, profecías y poemas de los llamados cristianos gnósticos, que polemizaron en los primeros siglos de nuestra era, y sobre todo en el siglo II, con los padres de la iglesia. Aunque los manuscritos están elaborados en los siglos III y IV, fecha en la que unos monjes los escondieron en el lugar donde ahora fueron hallados, la mayoría recogen tradiciones "tan antiguas o más que los evangelios canónicos".
Pagels recuerda que hasta hace no muchos años sólo se conocía el gnosticismo por unos cuantos escritos y sobre todo por los fragmentos de sus doctrinas que incluyen los llamados padres de la iglesia en sus obras de refutación de las herejías. No obstante, ya algunos especialistas clásicos, como Hans Jonas, habían interpretado estas doctrinas en 1934 como "una filosofía del pesimismo acerca del mundo combinada con un intento de autotrascendencia" . "Según el análisis de Jonas, mucha gente de aquella época se sentía profundamente alienada del mundo en que vivía y anhelaba una salvación milagrosa como medio de escapar del encierro de la existencia política y social". Otro especialista, R. M. Grant, también había sugerido que el gnosticismo "apareció como reacción ante la destrucción de las opiniones religiosas tradicionales -judías y cristianas- después de que los romanos arrasaran Jerusalén en 70 d. C.", mientras que "Quispel propuso que el gnosticismo tuvo su origen en una experiencia del yo potencialmente universal proyectada hacia la mitología religiosa".
Para Pagels, una primera ojeada a los escritos gnósticos revela importantes diferencias entre las doctrinas de éstos y la de los católicos: mientras que para los ortodoxos Dios está a un abismo de distancia de la humanidad, para los gnósticos el conocimiento de uno mismo es el conocimiento de Dios, es decir, el yo y lo divino son idénticos; el Jesús gnóstico no viene a salvarnos del pecado, sino como guía espiritual, hasta el momento en que el alumno deja de serlo y se convierte en idéntico a su maestro. Algo muy parecido a las teorías orientales de la iluminación.
Pagels estudia el significado político de las polémicas doctrinales con la iglesia católica. Los ortodoxos proclaman la resurrección de la carne de Cristo, que una vez resucitado se aparece a Pedro y le confiere autoridad para representarlo en la tierra. Los gnósticos rechazan que Cristo fuera carnal y para ellos, la resurrección no es un hecho histórico sino la forma en que se puede experimentar a Cristo en el presente. Por tanto, no admiten que la iglesia esté en posesión de ninguna autoridad superior a la de todo el creyente que experimente a Cristo.
Para los gnósticos, el Dios de la Biblia que veneran los ortodoxos es una divinidad menor, un Demiurgo (creador), que pretende ocultar al verdadero Dios y que los hombres le veneren como único. El conocimiento del espíritu divino (gnosis) significa la independencia del Demiurgo. Los que pretenden creer sin la gnosis son vástagos del Demiurgo y, como los obispos y sacerdotes, representan una autoridad y no la del Espíritu Superior.
El cristianismo gnóstico da además un importante papel a la mujer, mientras que los ortodoxos, en su mayoría apenas la tienen en cuenta. El principio divino de los gnósticos tiene características masculinas y femeninas. En su doctrina, Eva da la vida a Adán, en lugar de ser creada de su costilla, y es la que recibe de la serpiente (animal venerado por algunas sectas gnósticas) el conocimiento que da celos al Demiurgo bíblico.
El espiritualismo de los gnósticos les lleva a rechazar el martirio que los ortodoxos alentaban hasta el masoquismo: "Tu crueldad es nuestra gloria", escribía el ortodoxo Tertuliano al proconsul de Cartago. Cristianos y paganos han reconocido históricamente que el martirio dio ímpetu a la Iglesia y sirvió para aglutinar la fe de los primeros cristianos. Los gnósticos creían que los que no habían obtenido la gnosis no iban a encontrar el reino de Dios a cambio de ofrecer unas horas de sufrimiento al "dios caníbal" de los cristianos romanos. Creían que sólo en los que ya poseían el conocimiento de Dios el martirio serviría para perfeccionarlos.
Finalmente, el Reino de Dios de los gnósticos no era un hecho del futuro ni creían en la resurrección de la carne. El Reino "está aquí, dentro de vosotros" y es ese estado de conciencia transformada que se logra mediante la gnosis, es decir, un salto cualitativo tras el prolongado conocimiento de uno mismo, que expresaba con la frase del Evangelio de Tomás: "Si sacas lo que hay dentro de ti, lo que saques te salvará. Si no sacas lo que hay dentro de ti, lo que no saques te perderá".
Publicado el: mayo 28, 2008
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