A la Argentina, la reconocen en el mundo entero por ser “ productora y exportadora de tangos”, en el mismo Japón, se hallarán bares y restaurantes que practican el tango argentino, e incluso, varios de nuestros mejores exponentes han estado allí marcando presencia artística y con gran éxito. El tango nació del arrabal porteño y se proyecto por la ciudad y el mundo entero. El tango es un arte de raíz suburbana «arrabalero», derivado de su naturaleza popular. Surge y se desarrolla en los barrios de trabajadores que rodean a las ciudades rioplatenses: el «arrabal». Para el tango el arrabal es la “musa inspiradora”, el lugar de pertenencia que no se debe abandonar, ni traicionar, ni olvidar. Por sobre todas las cosas, el tanguero es un hombre (y una mujer) «de barrio». En el lenguaje del tango, el arrabal y el centro componen dos polos opuestos: el arrabal, muchas veces unido indisolublemente a los amigos y a «la vieja», expresa lo verdadero y lo auténtico, en tanto que el centro suele expresar lo pasajero, «las luces» que encandilan, el fracaso. Los grandes poetas del tango, se explayaron sobre el arrabal, le han dedicado mucho espacio, sobre todo en la edad de oro, allá por los años 20,30 y 40 del siglo XX. Carlos Gardel, popularizó el tango “Ventanita de arrabal”, con tanto éxito que aún perdura, también otro tango emblemático de Gardel y Lepera es “Arrabal amargo”, que uno de sus versos dice:“Arrabal amargo / con ella a mi lado / no vi tu tristezas / tú barro y miserias”
El sentimiento de pertenencia al arrabal ha llevado al tango a construir culturas de barrio, a darles personalidad. Sobre todo en Buenos Aires y Montevideo, el tango está indisolublemente ligado a la identidad de los barrios. La ciudad del tango es una ciudad vivida desde el arrabal.
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