RESUMEN: Fernando Pasamano era un hombre astuto y planeo junto a su mujer como es que le pediría al Presidente, que era un lejano pariente suyo, un cargo como embajador en algún país de Europa, para ello con dos meses de anticipación organizó este magno suceso, un gran banquete y así obtendría lo que anhelaba.
Entonces la casa tuvo que ser remodelada de rincón a rincón, se cambiaron los pisos, pintaron todas las paredes, es decir la residencia sufrió una transformación general, las alfombras, las lámparas, las cortinas y los cuadros y hasta hacer un jardín en 15 días, todo el aspecto era decorado con combinaciones de todos los continentes, lo más caro y lo mejor, claro que para organizar el banquete, tuvo que consultar a los mejores restauran de la capital ya que era un festín para los gobernantes más distinguidos como el Presidente.
Con todos los detalles casi listos, don Fernando pensó que en ese banquete, el cual asistirían ciento cincuenta personas, cuarenta mozos de servicio, dos orquestas, un cuerpo de ballet y un operador de cine, estaba invertida toda su fortuna. Pero al final sabia que todo esfuerzo valía la pena.
Y sobretodo que su mujer le recordaba que aún faltaba que la invitación sea confirmada, entonces don Fernando busco al presidente y le hizo la invitación, el presidente le respondió que por el momento estaba muy ocupado y que le confirmaría por escrito.
Y así los días pasaban mientras tanto don Fausto seguía haciendo algunos cambios, hasta que al cabo de 4 semanas recibió la confirmación del presidente. Don Fausto estaba más feliz que nunca podía ver su sueño hecho realidad ser embajador y conseguir un ferrocarril paras u pueblo en menos de lo que canta el gallo.
El día del banquete todo estaba listo comenzaron a llegar temprano los chismosos, y pronto las autoridades como ministros y hasta que llego todo una comitiva con el Presidente, y se dejo de lado la etiqueta y a compartir todo lo que había que ofrecer vinos, los cuarenta cajones de whisky, etc. Entonces disfrutaron hasta que llegó la hora del banquete, el presidente ocupo un lugar privilegiado y después de terminar con el faisan, se formaron grupos de conversación, donde don Fernando por ser anfrition tenía que andar de grupo en grupo, pero ansiaba encontrar el momento para hacer su pedido al presidente, ya que se le veía más a gusto que nunca.
Hasta que encontró el momento adecuado cerca de medianoche, cuando ya el ministro de gobierno, ebrio, se fue, don Fernando logró y el presidente en la salida de música le dijo acerca de su deseo, y el presidente respondió Pero no faltaba más. Justamente queda vacante en la embajada de Roma y lo propondré es decir ordenaré el puesto para usted. Y por el fecarril no se preocupe. Una hora más tarde el Presidente se retiró y poco a poco no quedaba nadie, hasta que don Fernando y su mujer, contemplaban lo que había quedado del festín, y vieron recompensado todo el gasto de su fortuna, se fueron a descansar, cuando al medio día la mujer de don fernando lo despierta con sus gritos, enseñándole el periódico y viendo los titulares, y sin decir una palabra, se desvaneció sobre la cama. En la madrugada un ministro había dado un golpe de estado y el presidente había sido obligado a renunciar.