Il Duce Una Única Esposa y Mas de Quinientas Amantes
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Publicado el: mayo 06, 2008
La historia de amor de la dulce morena italiana Clara Petacci con el detestado dictador Benito Mussolini ha sido ilustración de las funestas consecuencias que puede tener para una joven el enamorarse de un hombre comprometido. Il Duce, un megalómano generoso que padecía de sífilis y delirio de persecución, fue el objeto de amor de toda una vida para Clara, quien desde manceba fantaseaba con él. Siendo Mussolini casado con la celosísima Rachele, Clara optó por casarse con el pretendiente insistente que ella tenía, pero el matrimonio resultó ser un fiasco. Ya libre de la presión de su familia, Clara se dedicó a seducir a Mussolini propósito que coronó con singular éxito. Al poco tiempo era su querida oficial y cuando Rachele se dio cuenta, fue a buscarla para pelear y gritarle que algún día iba a ir a parar a la Piazale Loretto, el refugio de las viejas y enclenques meretrices romanas. Clara no existía si no era en función de brindar amor a Mussolini. En una ocasión quedó encinta, pero el embarazo acabó mal y Clara casi se muere desangrada. Curiosamente, la amenaza de Rachele Mussolini se vio cumplida cuando Clara Petacci y su adorado fascista fueron en efecto a parar a la plaza en cuestión, una vez que los partisanos ajusticiaron al dictador. Clara pudo haber seguido viva, pero escogió morir fusilada con su hombre. Cuando soltaron las balas contra Mussolini un 28 de abril de 1945, ella se atravesó para protegerlo con su cuerpo. Los cadáveres del Duce y Clara fueron llevados por el populacho iracundo hacia la Piazale Loretto, donde mujeres enfurecidas se orinaban encima de ellos y hombres cegados por la ira les pateaban sin piedad. Los cadáveres de estos dos amantes fueron colgados patas arriba, pero las cartas que se cruzaron entre el dictador italiano y su joven querida hasta la vez inspiran a muchos amantes por su ternura, sinceridad y pasión. Ida Dalser no fue, ni mucho menos, la única amante que tuvo Benito Mussolini. El “Duce” siempre se jactó de ser un tipo de gran virilidad y de enorme poder de seducción. Algunos historiadores calculan que a lo largo de su vida se vio envuelto en más de quinientas aventuras amorosas. Pero el régimen fascista jamás reconoció abiertamente los numerosos escarceos sexuales de su líder. Al revés: a efectos oficiales, Mussolini era un hombre felizmente casado, un marido ejemplar y un entregado padre de familia. La “dichosa” esposa se llamaba Rachele Guidi y tenía diez años menos que el dictador. Era la hija menor de Anna Lombardi, una viuda que tras perder a su marido se había convertido en amante del padre de Mussolini. De hecho, hay quienes sostienen que Rachele nació como fruto de esa relación, lo que la convertiría en hermanastra del dictador. De lo que no hay duda es que no era más que una muchacha de dieciséis años cuando, en 1909, Benito Mussolini se enamoró perdidamente de ella. La joven trabajaba como camarera en el mesón que su madre poseía en Forli. Un año después de conocerse, el 17 de enero de 1910, Mussolini y ella comenzaron a vivir juntos en un modesto apartamento de la ciudad. Paradójicamente, él presumía de ideas socialistas, así que convenció a Rachele de que el matrimonio era una institución burguesa y que lo mejor era la libre convivencia sin papeles. Con la precisión de un reloj suizo, el 1 de septiembre de 1910, justo nueve meses después de que Mussolini y Rachele se fueran a vivir juntos, nació Edda, la primera hija de la pareja. Pero el líder fascista aún tardaría bastante tiempo en convertir a Rachele en su esposa. De hecho, no fue hasta el 16 de diciembre de 1915 cuando contrajo matrimonio civil con ella. La boda se celebró en un hospital de Treviglio, donde la joven se recuperaba de un ataque de tifus. En septiembre de 1916 nació Vittorio, al que seguirá, en octubre de 1918, Bruno. Y después, Romano. El 28 de diciembre de 1925, el “Duce” cedió a las presiones de Rachele y se esposó con ella por el rito religioso y en la intimidad. A pesar de que el “Duce” es ya pr