Una pregunta que con frecuencia se hacen los educadores que trabajan con niños es cómo acercarlos a la poesía. Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez dan pautas en este libro de cómo llevarla al aula y, sobre todo, al corazón de cada muchacho. Lo primero que hay que hacer es atacar los mitos en torno a la poesía, como creer que es un asunto exclusivo de personas románticas, de mujeres e intelectuales. Aunque no lo parezca, la poesía está al alcance de todos. Desde los primeros años es posible acercarse a ella a través de la tradición oral. Aquí los autores señalan lo importante que son para iniciarse en el disfrute de la poesía el conocimiento de rondas, trabalenguas, adivinanzas y retahílas. De allí se lleva al muchacho a la poesía de autor, algunas de las cuales se asemejan mucho a la de tradición oral. Es importante ir de los poemas más claros a aquellos oscuros. En todo caso, lo esencial es el goce del texto poético, algo que no debe perder de vista el educador; razón por la cual no todo lo que se lea tiene que ser evaluado o calificado. Uno de los capítulos del libro presenta una antología de poetas infantiles. Allí hallamos textos de Germán Berdiales, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Rafael Pombo, Yolanda Reyes y, por supuesto, María Elena Walsh.
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