El médico de un balneario que es el orgullo y el sustento de una pequeña ciudad nórdica descubre que las aguas en que se bañan los turistas son un foco de infección. Con ingenua alegría, da a conocer su descubrimiento creyendo que el problema va a ser resuelto y él aclamado como defensor de la salud pública. Pero los arreglos necesarios resultan ser demasiado complicados y costosos, y el doctor ve como sus informes son cínicamente tachados de falsos y como el cumplimiento de su deber le acaba conduciendo a ser odiado y rechazado por todos sus conciudadanos.
El protagonista es el doctor Tomás Stockmann, profesional íntegro que en el desarrollo normal de su trabajo y tras haber detectado unos casos de tifus y fiebres intestinales, solicita un informe analítico sobre las aguas del balneario que está bajo su responsabilidad y obtiene unos resultados rotundos: "El balneario es un lujosísimo sepulcro. Todas las inmundicias del valle, de las curtidurías y de los molinos, van a parar a sus cañerías, envenenando el líquido". La consecuencia es que hay que levantar por completo las cañerías y renovar toda la instalación.
El descubrimiento es recibido con entusiasmo por el director del periódico local La Voz del Pueblo, Hovstad, defensor de los intereses de los pequeños propietarios, que propone un homenaje de la ciudad al médico por la importancia del hallazgo y se prepara para utilizar el hecho como argumento en contra de los grandes empresarios de la ciudad, propietarios de las fábricas contaminantes. De forma similar, aunque dando muestras de mayor conservadurismo y más temor a molestar a los poderosos, se le adhiere Aslaksen, presidente de la Asociación de Pequeños Propietarios. Más claro es el apoyo del exaltado Billing, redactor de La Voz del Pueblo y representante del radicalismo.
La reacción del alcalde del pueblo y hermano del médico es totalmente diferente. En nombre de la junta directiva del balneario, compuesta por los grandes propietarios de la ciudad, tacha el informe de irresponsable y exagerado y le exige una reparación por haber divulgado las deficiencias del balneario entre sus enemigos políticos.
Todo hace pensar que vamos a asistir a un enfrentamiento entre las clases más altas, aliadas al poder administrativo, y las clases medias, aliadas a la prensa. Pero el alcalde se encarga de comunicar a Hovstad, Aslaksen y Billing que el plan de reformas que requieren las conclusiones del informe médico supone un sacrificio no sólo para los accionistas, sino para toda la ciudad y fundamentalmente para los pequeños comerciantes. El balneario tendría que permanecer cerrado durante dos años en los que los ingresos de los comercios se verían por tanto muy disminuidos y los impuestos se triplicarían.
Estas razones cambian radicalmente la actitud de los tres representantes de las clases medias. El director del periódico se niega tajantemente a publicar un artículo del médico en el que explicaba la situación del balneario y en cambio, inserta con urgencia una nota oficial del ayuntamiento que intenta tranquilizar a la opinión pública. El doctor Stockmann se pregunta escandalizado que si ya no son defensores de la libertad de prensa. "Claro que sí. Siempre que no implique la ruina de mis conciudadanos", responde Aslaksen.
"Sólo miran por sí mismos y por sus familias, y se olvidan por completo del bien común", dice el doctor Stockmann a su esposa. Ésta, que al principio había reprochado a su marido el que pusiera en juego su puesto de trabajo enfrentándose a sus jefes, decide ahora apoyarle, al verle abandonado por todos. También le apoya su amigo el marino Horster, que Ibsen parece pintar como menos apegado a los intereses materiales que los hombres de tierra firme. El capitán Horster es el único que se atreve a poner a la disposición del doctor su casa para que dé una conferencia sobre los problemas sanitarios del balneario.
A la conferencia asiste la mayoría de la población y también el alcalde y los líderes de las clases medias, quienes se encargan de entorpecer el acto y lanzar contra el doctor las iras y los gritos de la audiencia. Ante la mezquindad con que los enemigos del doctor manipulan al pueblo para imponer algo que saben que es mentira, Stockmann salta de lo particular a lo general: "Ya no les hablaré del balneario sino de algo más importante".
En las siguientes páginas del drama, Ibsen pone en boca del doctor Stockmann sus propias y lacerantes críticas de anarco-elitista contra la democracia liberal: "La más grave amenaza contra la razón y la libertad estriba, precisamente, en el sufragio universal, y en el poder de las mayorías que consagra". O: "Las verdades que acepta la mayoría no son otras que las que defendían los pensadores de vanguardia del tiempo de sus tatarabuelos. Aquellos pensadores de vanguardia que fueron perseguidos por defenderlas, igual que lo son al presente los contemporáneos de la actual mayoría. De esa mayoría que, por el mero hecho de serlo, siempre se alimenta de verdades envejecidas, desustanciadas". O también diversas diatribas en contra de los partidos políticos y las personas que los lideran: "esos estúpidos que se llaman demócratas y progresistas son los peores enemigos de los verdaderos hombres libres". O, tras ser tildado de enemigo del pueblo: "Me enorgullece ser enemigo de un pueblo que vive en la mentira".
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