La dama duende
Calderón deja a un lado la teología y fabrica en esta ocasión una comedia llena de enredo hábilmente desarrollada, que fue una de las primeras obras destacadas del autor. El sentido didáctico o moralista es mínimo, aunque parece distinguirse un sano interés (secundario al deseo de entretener) por desacreditar las supersticiones populares sobre duendes y diablillos.
La dama duende es doña Ángela, joven viuda y hermana de dos caballeros que invitan a alojarse en su casa durante su estancia en Madrid al galán de la obra, don Manuel, aunque le ocultan la existencia de la mujer para evitar precisamente el enamoramiento. En la calle, Manuel encuentra a Ángela, tapada, y ella le pide que le ayude a despistar a unos que la vienen siguiendo. Luego, en casa, ella le deja un mensaje escrito y pide que le conteste dejando un mensaje en el mismo lugar. Los papeles van y vienen gracias a que Ángela o su criada los recogen entrando en su cuarto a través de un pasadizo contenido en la alacena del cuarto del hombre. Esta alacena dará lugar a todo tipo de enredos hasta el feliz final en que los dos protagonistas acuerdan su boda.
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