La historia cuenta la vida de dos mujeres piratas Mary Riad y Ann Bonny, que la autora define como voluptuosas y aventureras, coetáneas de los grandes piratas del siglo XVII y XVIII.
Sus disfraces masculinos con atuendos propios, para equipararse a los grandes bucaneros, resulta ridícula en la narración, semejándose sus argumentos a nimias conversaciones de niños jugando al carnaval. Apostando por desafiar las hormonas masculinas con falsas argucias femeninas que en los momentos íntimos descritos se deshilachan las frases y cualquier precedida descripción de momentos eróticos.
Se aleja y se acerca el argumento en coexistencias, ambiciones y simultaneidades que quizás al no parecer creíbles corroen al lector, pues en el empeño de buscar alguna validez en el relato histórico, encuentra una tibieza narrativa cercana a un reality show tan de modo.
Utiliza expresiones y términos que queriendo ser actuales para dar comprensión lectora, no los haces propios de dos mujeres del XVIII, en un envite aventurero tan arribista.
En realidad es una aventura literaria, con premio, basada en una militancia personal de moda.
Escasez de fuerza en la construcción de los diálogos. Bajísima armonía en el detalle narrativo a lo largo de toda la novela, imperdonables altibajos entre una capítulo y lo que se dice en el siguiente.
Y sobre todo, un pésimo tratamiento del ritmo.
Lo mejor de todo, las citas de autores que encabezan los capítulos.
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