Sin una cuchara de plata (*), por Edie Iroh
Situada a principios del siglo XX en la parte sureste de Nigeria, la historia trata acerca de un brillante y reflexivo muchacho, Ire, que proviene de una empobrecida familia. El muchacho casi se derrumbó cuando en su sexto y último año en la escuela primaria, sus pobres padres no pueden pagar los derechos de su matrícula. No deseando seguir el camino de su hermano mayor, quien ya había abandonado la escuela para aprender comercio, Ire idea una forma de completar su educación primaria, trabajando como criado de su profesor de curso, Stephen, quien en compensación paga su matrícula trimestral. Sus padres no estaban bien dispuestos a la idea, pero no tenían opción y a regañadientes le dejaron en libertad de hacerlo.
Ire se trasladó a casa de su profesor y trabajó diligentemente como sirviente, sufriendo las constantes burlas por su estropeada cuchara de plata (*) de su mejor amigo, Erugo, quien secretamente envidia la buena conducta moral y el carácter del niño. Mucho impresionó a su maestro, que no dejaba de alabarle. Ire nunca se permitió a sí mismo, ser tentado por la riqueza de su maestro, o caer en juvenil exuberancia, aun más lejos de casa. Sus ojos estaban puestos en su sueño de salvar a su familia de la pobreza, y se concentraba en su educación y se sentía tan seguro, con Stephen pagando sus matrículas.
Como dice el refrán, la vida no es un lecho de rosas. Stephen regresó de un viaje para descubrir que parte de su dinero había desaparecido. Acusó a Ire del robo y lo envió de vuelta con sus padres. Turbado por la falsa acusación, y enfrentado al aumento de las tasas de escolaridad, el niño luchaba por mantener su cordura, y hace caso omiso a la tentación de unirse a malas pandillas. Cuando le parece que sus días en la escuela están contados, otra crisis se presenta.
Uno de sus compañeros de curso fue robado en su casillero durante el recreo, y siendo Ire el más pobre de su clase, fue acusado falsamente por su ex amigo de ser el culpable. Después de mucha vergüenza y humillación que le infligieran todos sus compañeros de clase, Ire cayó en depresión y confusión, ya que la única cosa que reclamaba, la posesión de su integridad, se había desgarrado hasta triturase. El asunto fue comunicado a la autoridad escolar, y dado que se suponía que él continuaba viviendo con su maestro, Stephen fue convocado. Para asombro de Ire, Stephen le defendió ante la autoridad y toma para sí mismo la tarea de investigar el asunto. Más tarde se disculpó con el niño, dado que había encontrado su desaparecido dinero.
Después de una investigación, la persona más improbable, Erugo, resultó ser el principal culpable, al descubrirse nuevas evidencias que apuntan hacia él. Un alegre Ire fue absuelto de la acusación, ganándose de nuevo las disculpas de sus compañeros de clase y el respeto por la manera en que dirigió su propio pensamiento durante el calvario. Regresó de nuevo a la casa de Stephen para completar su último período escolar y su esperanza de un futuro más brillante fue restablecida con creces. Esta historia comprueba el dicho de que "la mejor póliza es la honestidad».
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En el texto original en inglés "silver spoon", que corresponde a una expresión inglesa para referirse a personas enriquecidas. Se dice "born with a silver spoon in his mouth" — "nació con una cuchara de plata en su boca". (Nota del traductor).
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