NUESTRAS INSEPARABLES
BACTERIAS Los humanos también dependemos de miles de especies bacterianas que viven en simbiosis
dentro de nuestros tubos digestivos, en nuestras narices, en nuestra boca, en nuestras orejas, en las vaginas de todas las mujeres y en la uretra de todos los hombres. Todas ellas interactúan entre sí y coexisten con nuestra propia fisiología. Sin ellas no podríamos vivir. El número total de estos pequeños e indispensables seres vivos, es de 10 veces mayor que el total de las células que componen nuestro cuerpo.Algunos de ellos, transforman las vitaminas que de otra forma no podríamos asimilar, están relacionados con nuestros procesos inmunitarios, nos protejen contra otras
bacterias patógenas y sobre todo establecen una intercomunicación valiosísima con las células epiteliales de nuestro intestino. Forman una flora intestinal, y de su equilibrio dependen nuestros molestos gases y eructos que nos preocupan y averguenzan ante los demás. Para el “sentido común” de la mayoría de las gentes del montón, el ser humano solo tiene una compañía inescapable, y es la del Angel de la Guarda, un ser inmaterial asignado por la Divinidad para protejernos y registrar con toda fidelidad como una verdadera “caja negra”todas las circunstancias de nuestro pecaminoso tránsito terrestre. Y eso de las bacterias solo es propio de los animales. En esto último aciertan porque los animales también tienen bacterias para asimilar su alimentación. Todas las vacas,
corderos y cabras poseen una amplia flora bacteriana, que digiere en sus cuatro estómagos la celulosa para convertirla en azúcares y nutrirse energéticamente.Solo que esas bacterias expelen METANO, un gas contaminante de la atmósfera, en una proporción igualmente dañina que el CO2 que recalienta y desequilibra el clima. Un cordero expele 3 kilos de METANO por año y una vaca lechera 90 kilos por año. Estas cifras no parecen muy grandes, pero cuando se procesan comparativamente, como lo han hecho en Australia y han encontrado que con sus 100 milones de corderos junto con todas sus vacas y cabras, alcanzan a ser el 14% de los gases que producen efecto de invernadero, se ha comenzado a pensar seriamente como reducir estas nefastas emisiones. Los investigadores de estos procesos de flora intestinal animal, encontraron que en el canguro (marsupial propio de Australia), debido a que evolucionaron por millones de años en forma diferente, la composición de esa misma flora es diferente a la de otros rumiantes, y en lugar de tener bacterias metanógenas, desarrollaron bacterias acetógenas productoras de acetatos, lo que ha comunicado a estos herbivoros una digestión más tranquila y más rentable. Ya se realizan ensayos tendientes a transferir esas bacterias en las panzas de vacas y corderos, para observar si estas bacterias se imponen sobre las bacterias metanógenas. Y volviendo a las bacterias que colonizan nuestros intestinos, se producen actualmente varios estudios sobre el genoma de las mismas, en universidades de Francia, España, y Estados Unidos. El interés es no solo para aliviar nuestra digestión que se altera constantemente y nos mantiene preocupados de lo que podemos y no podemos ingerir, sino de hallar respuestas a los procesos de obesidad y de enfermedades inflamatorias digestivas crónicas, que muchas veces pueden transformarse en cancerosas incontrolables. De todas maneras,para el futuro,será posible, un manejo controlado y hasta un cambio total de bacterias de acuerdo a un resultado previamente planificado. En otras palabras poder digerir aquello que nos apetece tanto, pero que nos causa tantos gases malolientes, tantas inflamaciones de vientre y tantos eruptos vergonzosos.¡ Que bueno poder comer como obispo, sin tener que después expeler gases como Lucifer.¡