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Síntesis y críticas breves

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La Casa de los Encuentros

por : Donanfer    

Autor : Martin Amis
Los modosy las formas en los que un escritor decide pagar tributo a los pares que admira pueden ser intrincados, a veces
puntuales, otras veces tardíos, por lo general obedientes. El inglés Martin Amis (1949) veneró siempre a Vladimir Nabokov como figura tutelar, y sus libros de tema ruso -el ensayo sobre Josef Stalin Koba el Temible , publicado equivocadamente por Anagrama en su colección de narrativa, y ahora esta nueva novela, secuela del anterior- tienen el propósito encubierto de visitar la tierra de uno de sus fetiches literarios. Amis se acerca a Rusia como Nabokov se acercó a Estados Unidos: con la fascinación malsana de quien contempla un abismo a sus pies. Claro que el acercamiento de Amis es menos inocente que el de su ilustre precursor en la medida en que su interés geográfico, eminentemente turístico, incluye asimismo la ocasión del culto. La Casa de los Encuentros es, entre muchas otras cosas, la lúcida exaltación (que como toda exaltación comporta también una porción nada desdeñable de ajuste de cuentas) de un escritor a otro escritor. Menos desbocada que Niños muertos (1975), menos ingeniosa que La información (1995), La Casa de los Encuentros es la novela más clásica de Amis, aunque este clasicismo no debería confundirse con los amaneramientos decimonónicos que enarboló hace unos años su compatriota Ian McEwan en Expiación . Se trata de una forma clásica completamente idiosincrásica: sin más, el clasicismo de Amis. La configuración es, como en Dinero (1984), la epístola suicida; en este caso, un larguísimo correo electrónico (del tamaño exacto del libro) que un narrador anónimo, ruso, le destina a Venus, su hijastra estadounidense, poco antes de recibir la inyección letal. Lo que se cuenta superpone tres cronologías: el tiempo inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial, el tiempo de posguerra, hasta los primeros años del siglo XXI, y el grado cero de la novela, el tiempo de la carta, escrita con un cinismo tan exacerbado que se toca con la honestidad. Héroe menor de la Segunda Guerra Mundial, violador serial de mujeres en la avanzada final, en los tres primeros meses de 1945, sobre el territorio que terminaría siendo Alemania Oriental, el narrador es deportado hacia 1947 al gulag siberiano. El narrador, devoto de la poesía inglesa, muestra una verdadera obsesión por la belleza de la mujer y podría haberla idolatrado con los versos de To His Coy Mistress , de Andrew Marvell, nombrado al pasar en el libro: "Pasaría cien años de mi vida/ celebrando tus ojos y tu frente./ Doscientos adorando cada seno,/ Treinta mil años para todo el resto". El hecho de que Lev se haya casado con Zoya -información que el narrador conoce durante su reclusión en el campo- enrarece para siempre el vínculo entre los dos medio hermanos. El punto crítico de la novela sobreviene el 31 de julio de 1956, tres años después de la muerte de Stalin, época en que la disciplina se había atenuado y se permitía que los presos recibieran a sus esposas. La "casa de los encuentros" es justamente el nombre de una cabaña destinada a esas visitas higiénicas, y el lugar, claro, en el que Lev se reúne, por única vez durante su cautiverio, con Zoya. Aunque estaba cerca, merodeando la cabaña, el narrador sabrá lo que sucedió ese día mucho después, en una carta (otra carta) que el hermano le dejará y que el narrador recién abrirá en el siglo XXI, en su visita final al campo ya desmantelado. A esa altura, el veterano de guerra aparece convertido en un hombre próspero (hubo negocios con el Partido Comunista, aprendizaje de saberes armamentistas y emigración a Estados Unidos), obsesionado aún con Zoya -que en el medio dejó a Lev y se casó con un dramaturgo estalinista, geronte de mano grasienta- y paladín inmoderado de la anglofilia. De hecho, el narrador cuenta toda esta historia en "inglés inglés al estilo antiguo", tal la distancia que había tomado de su patria al instalarse cómodamente en Chicago, distancia que no mengua en su retorno turístico y suicida al antiguo infierno estatal. Debajo de la espuma de la trama (el triángulo amoroso es una de las inversiones más redituables de cualquier ficción), la novela se impone como una colosal necrópolis del fracaso. Del fracaso en todas sus inflexiones: fracaso de los espejismos amorosos, del individuo, de la colectividad, de la política y del humanismo. Todo resulta, al final, en una tragedia con muchas víctimas pero sin héroes. Y es posible incluso que la retracción formal de La Casa de los Encuentros , su construcción conservadora y pulcramente modernista, no sea sino el desencanto de Amis frente a los prestigios de la inteligencia (de los que el autor puede ser un verdadero exhibicionista),como si se le hubiera revelado de pronto la futilidad de seguir representado el papel de acróbata virtuoso de las palabras. Hay un credo en la novela y el narrador anónimo lo destaca con itálica en su carta: "Esto, como todo lo demás, no es lo que parece; y todo lo que puedes saber con certeza es que |aún peor de lo que parece" . DONANFER
Publicado el: abril 13, 2008
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