Sin saber cómo, se formó alrededor de Andrés una mala
reputación.... Fue notando la hostilidad de la gente...
al principio se
aburría. Los días iban sucediéndose, y cada uno traía la
misma desesperanza, la seguridad de sentir y de inspirar antipatía; en
el fondo sin motivo, por una mala inteligencia... Llegar a la
abstención pura, completa, en la pequeña vida social de Alcolea, le
parecía la perfección. Andrés no era de estos hombres que consideraba
el leer como un sucedáneo de
vivir; él leía porque no podía vivir.Toda
obra literaria, revele sabiduría o perversidad, se quede entre la
leyenda o la autenticidad, tiende a conmover
con facilidad, mediante
simple enquistamiento, esa doctrina íntima que, en solitario, suele
progresar a través de nuestra propia avidez, cuando esta halla en la
lectura el instante propicio que enternece nuestra fantasía o despierta
nuestra inquietud. Es como asir la oportunidad brillante que evidencia
la llama
del genio. Una decisión repentina de gozar la posibilidad de
su gradual imposición por medio de la palabra: sencilla, terrible,
oportuna, inverosímil, patética, atisbadora, sensible, martilleante, o
majestuosa, que forman el enorme tiovivo en el cual quedamos libremente
atrapados, y cuyo eje rotativo no posee más mecanismo que el manejado
por tan inapelable juicio como, en este caso, podría ser el de un autor
como Pío Baroja.Hábil en pronunciarse frente a una compleja
descripción de las situaciones más críticas que puedan aquejar al ser
humano. Capaz, como también lo fue Galdós, de renunciar a
todos los afectos por mor de la inteligencia, y de ofrecernos el
terreno más resbaladizo, el ángulo más negro, el valor más ingenuo y
humilde de la insignificancia humana. Todas estas atmósferas vitales y
opresivas, y las batallas que supone luchar contra nuestras propias
depresiones, quedan enclavadas a la perfección, a través de un decurso
ininterrumpido de acaecimientos, en este marco preferencial de "El
árbol de la
ciencia".El tímido, retraído y ateo Don Pío, de
carácter gruñón, arisco, dolido de tanta ignorancia y de tanta
hipercrítica, se complacía en
refregar su obra por toda nariz que la hallase provocativa y
escandalosa en aquel internado perpetuo de barbarie española, y que jamás iluminó de emoción condescendiente los días
profundos de su conciencia erudita: "Este libro es el más perfecto e íntegro de cuantos he escrito". Cuando
Baroja, como el protagonista de su novela, abandonó su plaza de médico
en Cestona, Guipúzcoa, en 1894, (había reñido con el médico viejo, con
el párroco y con el alcalde), se afincó en Madrid, donde su hermano le suplicó que se hiciera
cargo de la tahona que regentaba y odiaba. Rubén Darío
bromeó sobre ello: "Es un escritor de mucha miga, Baroja", a lo que Don Pío replicó: "También Darío es escritor de mucha pluma: se nota que es indio""El
árbol de la ciencia" posee la magnificencia dolorosa del impresionismo
descriptivo consolidado por las características generacionales del 98.
Cosmopolitismo: "Una radiografía
decimonónica del Madrid burgués y proletario. Y claras
referencias al tema de la prostitución a través de
Andrés Hurtado, doctor en higiene. La angustia existencial,
la incertidumbre ante el futuro, el ensalzamiento de todo lo Hispánico
(¡la guerra con Estados Unidos!):: "Los
periódicos no decían más que necedades y bravuconadas... Hubo un mensaje ridículo de Castelar a los yanquis... La derrota
había sido como decía Iturrioz: una cacería, una cosa ridícula... A
Andrés le indignó la indiferencia de la gente. Después del desastre de
las dos pequeñas escuadras españolas en Cuba y Filipinas, todo el mundo
iba al teatro y a los toros tan tranquilo..." La
definición apologética de las virtudes de Andrés Hurtado no desbordan
las mieles de la alabanza. Por lo general,
se nos muestra como huérfano de la inocencia, porfiador ante la
perplejidad del mundo que le rodea. No tolera la excelsitud fachendosa que se
atribuye su padre. Dos excepciones: Margarita, su hermana, que es dulce y agradable, y Luisito, lejano principio
iluminado del amor infantill: "Luego la carta. La enfermedad
de Luisito. Una meningitis tuberculosa, ... una fiebre
alta ... una semana
delirando, hasta morir en un sueño"...Andrés se ahogará del cansancio de no poderse expresar con toda la
holgura deseable. Le salvan los intermedios filosóficos entre peroratas con su tío, el doctor Iturrioz,
afecto al pragmatismo inglés en contraposición con la
inmaterialidad austera del germano, defendida por Andrés "En España no se paga el trabajo, sino la sumisión. Yo quisiera vivir del trabajo, no del favor... Una explicación biológica del origen de la vida y del hombre" (Iturrioz)"Un Universo físico y moral. ¿No es eso? ¿Y en dónde has ido a buscar esa síntesis?" (Andrés) "En Kant y en Schopenhauer"... "Lee
a los ingleses; la ciencia en ellos va envuelta en sentido práctico. No
leas esos metafísicos alemanes; su filosofía es como un alcohol que
emborracha y no alimenta"...Rico de sólidas verdades, se internará en el descuido amargo, como médico incomprendido,
en una aldea manchega, ficticia, Alcolea: plenitud vívida de la inmovilidad del siglo XIX: caciquismo,
resignación, analfabetismo. Y tras sus ímpetus contenidos por Lulú: "El amor, y le voy a parecer a usted un pedante, es la confluencia del
instinto fetichista y del instinto sexual", el matrimonio: "Lulú tenía una idea absurda de su marido; lo consideraba como un portento"...
Pasará el tiempo, y frente a la expectación aflictiva de su itinerario,
se extenderá ese nuevo temblor de nebulosas que compondrán el
infortunado tramo final de esta obra sublime e impactante.Se
tradujo al esperanto: "La arbo de la sciado" El único honor oficial que se
dispensó al gran Baroja fue el de ser admitido en la Real Academia de
la Lengua en 1935. Al estallar la Guerra Civil, pasó a Francia. Murió en 1956, de arterioesclerosis, y fue enterrado en el cementerio
civil como ateo. Su ataúd fue llevado en hombros, entre otros, por dos
de sus más fervientes adeptos, Ernest Hemingway y Camilo José Cela.
Publicado el: abril 10, 2008
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