Marilyn pasaba largas horas con su amigo infalible, el teléfono, hablando con el doctor Greenson. Marylin
Monroe tendía a relacionarse con personas que le hacían daño", y quizá el propio Greenson fuera una de ellas, pues como él mismo reconoció una vez, "puedo hacer que Marilyn Monroe haga lo que yo quiera". Sin embargo, en los últimos meses de su vida, coincidiendo con el alejamiento de JFK, que tanto daño la causó, Marilyn Monroe quería desembarazarse de Greenson y de Murray, había dicho a varios de sus amigos que tenía en su poder información "muy peligrosa" para los Kennedy y a algunos les había asegurado que estaba dispuesta a utilizarla si sólo la consideraban "un pedazo de carne".El
diario. Tal vez fue el diario lo que perdió a Marilyn Monroe. Ese pequeño cuaderno rojo en el que apuntaba hasta lo más nimio y que siempre llevaba consigo, porque, afirmaba, así una cultura que le permitiría algún día incluso intervenir en las profundas conversaciones conseguía de sus amigos y conocidos. Sólo dos personas habían declarado haberlo visto: el periodista Robert Slatzer y el ayudante judicial Lionel Grandison. Sin embargo, otras dos personas afirmaron posteriormente que conocían su existencia; uno de ellos era Mike Rothmiller, quien trabajaba en la Unidad de Información sobre el Crimen Organizado hacia 1978, en cuyo archivo -dentro de la carpeta dedicada a Marilyn Monroe- halló una copia del diario. "Era eso, un diario. La otra persona que supo de su existencia fue Norman Jefferies, empleado ocasional de la nueva casa que la actriz había comprado en Los Ángeles. Según Jefferies, Marilyn guardaba el diario en su dormitorio o bajo llave en el archivo del bungaló de los huéspedes. Curiosamente, ese archivo fue forzado la noche en que la estrella murió, pero Jefferies vio al día siguiente cómo Eunice Murray -ama de llaves de Marilyn impuesta por el doctor Ralph Greenson- se lo entregaba al chófer del juzgado de instrucción. El diario fue a parar a la caja fuerte del juzgado, donde Grandison lo metió, pero al día siguiente había desaparecido. Sólo otras tres personas tenían la llave: Phil Schwartzberger, auxiliar administrativo; Richard Rathman, encargado de la administración y el
juez que se hizo cargo del caso, Theodore Curphey.Marilyn confesó a varios de sus amigos que tenía información "peligrosa" para los Kennedy y que la utilizaría si sólo la consideraban "un pedazo de carne"El juez Curphey "era un administrador sin experiencia en el campo de la investigación, (...) pero el 6 de agosto anunció a la prensa que interrogaría personalmente a los médicos de la estrella". Curphey encargó la autopsia a Thomas Noguchi, quien entonces era patólogo ayudante. Años después, cuando ya se le conocía como "el forense de las estrellas", Noguchi decía: «Lo normal era que la autopsia la hubiera practicado un médico forense más experimentado, pero, no obstante, el doctor Curphey hizo aquella singular llamada y me asignó el trabajo a mí". También resulta interesante que para que Noguchi pudiera hacérsela, Grandison tuviera que rescatar el cadáver de una funeraria privada, donde ya lo estaban embalsamando. Los análisis que se le hicieron al cuerpo de Marilyn Monroe arrojaron datos que descartaban la hipótesis del suicidio. Por una parte, se encontraron diversos moratones que indicaban signos de violencia, por otra había indicios de que el cuerpo había sido movido y, por último, no se hallaron rastros de barbitúricos en el estómago de la víctima. "La denominación callejera de las cápsulas de Nembutal es `forros amarillos'', debido al color típico de las cápsulas de gelatina. Si Monroe ingirió alrededor de 40 cápsulas de Nembutal, como se ha estimado, deberían haberse encontrado indicios de tintura amarilla en el sistema digestivo, sobre todo en un estómago vacío. Y Noguchi no encontró tales indicios". Noguchi también encargó un examen toxicológico, pero éste le fue entregado sin análisis de riñones, intestinos, estómago y orina, lo que imposibilitaba conocer el modo en que el Nembutal había entrado en su cuerpo. Cuando Noguchi requirió de nuevo los análisis, la respuesta que obtuvo fue que las muestras que él había recogido, y que obraban en poder del juez Curphey, habían desaparecido. Todos estos descuidos condujeron años después al forense a hacerse en un libro la siguiente pregunta: "¿Se suicidó Marilyn o le inyectaron los fármacos que le causaron la muerte?".Más sorpresa causa aún el hecho de que durante la investigación sólo se interrogara, y no bajo juramento, a una persona: al psiquiatra Ralph Greenson. Cierto es que Marilyn Monroe había tenido anteriormente al menos cuatro tentativas de suicidio, pero eso no justificaba tanta desidia. Incluso, con la anuencia del juez Curphey, el abogado y amigo de Greenson, John Miner, hizo el 12 de agosto de 1962 una entrevista a éste con la promesa de no revelar jamás su contenido. Tras esta charla y la audición de una cinta de Marilyn que Greenson tenía en su poder, Miner llegó a la conclusión, en contra de lo que pensaba inicialmente, de que la actriz no se había suicidado. Es más, el propio Greenson cambió su primera opinión y sostuvo ante Miner esta hipótesis. Sin embargo, el memorando con sus conclusiones que Miner envió a Curphey, no consiguió que se ampliaran las investigaciones ni, que se alterara la calificación de la muerte. Norma Jean, oficialmente, se había suicidado .