¿Justicia para todos? Sacco y Vanzetti ( Segunda y Última Parte)Antes de ser juzgados juntos, Vanzetti fue procesado
por separado y se le sentenció a prisión por su participación en un asalto en Bridgewater el 24 de diciembre de 1919. El juez de este proceso fue Webster Thayer, quien luego juzgó a Sacco y Vanzetti en Dedham, el 21 de mayo de 1921. "Dado que los
testigos son italianos", instruyó el juez Thayer al jurado en el primer
juicio, "no se deberá inferir nada en su contra. Se supone que son honestos, sinceros e inocentes." En el juicio Ilevado a cabo en Dedham, siete testigos del fiscal identificaron a Sacco como uno de los pistoleros de Braintree, y cuatro identificaron a Vanzetti. De los doce testigos de la defensa que dijeron que los acusados estaban en otra parte el día del asalto y asesinatos, once eran italianos. Los jurados, pueblerinos de clase media, eran predominantemente anglosajones. Uno de ellos dijo después, procurando dar dirección al juicio, que el testimonio contradictorio de cada testigo era anulable. "Pero las balas...", añadió, "no hay forma de dar la vuelta a esa evidencia." La fiscalía pudo al fin establecer que las balas y casquillos hallados en la escena del crimen fueron disparados por el revólver que tenía Sacco al ser arrestado. La identificación del arma de Vanzetti como aquella que se tomó del guardia, fue menos concluyente. Pero el fallo de culpabilidad del 14 de julio, aunque esperado, no fue el acto final de la tragedia. Miles marcharon en la procesión fúnebre de los ejectuados en Boston, protestando por lo que muchos liberales de Estados Unidos y del mundo consideraron un error de la justicia.Mientras Sacco y Vanzetti permanecían bajo custodia, la defensa reunió durante los años siguientes varias solicitudes para que fuera reabierto el caso. Todas fueron denegadas. En todo el país y en el mundo entero hubo protestas por lo que se consideró como absurdas y persecutorias condenas por creencias políticas impopulares más que por culpabilidad criminal. A fines de 1925 pareció haber una pausa en el caso cuando un tal Celestino Madeiros, reo en la prisión de Dedham, condenado a muerte por asaltar un banco, confesó tener parte en el asalto de Braintree. Madeiros juró que los pistoleros no eran Sacco y Vanzetti. Aunque no pudo hacer un recuento coherente del asalto ni identificar a los otros participantes, Madeiros consiguió ganar dos años de vida antes de que se llevara a cabo su sentencia de muerte. Su "confesión" no fue de ninguna ayuda para los esfuerzos legales de Sacco y Vanzetti. En la primavera de 1927, el profesor en derecho Felix Frankfurter, de Harvard, que luego fue juez de la Suprema Corte de Justicia, publicó una indignada denuncia del juicio de Dedham: "Fuera del juzgado campeaba la histeria antirroja... y dominó al proceso." El alegato de Frankfurter produjo otra ola de protestas contra el veredicto. Cediendo ante la presión, el gobernador de Massachusetts, Alvin T. Fuller, nombró al rector de Harvard, A. Lawrence Lowell, para dirigir una comisión de tres miembros que revisaría minuciosamente el caso. En otro juicio (más large que el de Dedham, de seis semanas y media), la comisión Lowell leyó la copia estenográfica, llamó a testigos y entrevistó al juez Thayer, al fiscal y al jurado. La conclusión: Sacco era sin duda culpable y Vanzetti también, aunque la evidencia contra él era "más débil". El 8 de agosto se negó un aplazamiento de la sentencia de muerte. Hacia la medianoche del 23 de agosto de 1927, Sacco y luego Vanzetti fueron ejecutados en la silla eléctrica. "!Viva el anarquismo!", clamó Sacco en italiano. "Soy inocente", protestó Vanzetti. La noticia de las ejecuciones inició una ola de disturbios antiestadunidenses. Desde mediados de la década de 1950, y durante tres décadas, el escritor Francis Russell estudió y escribió acerca del caso Sacco-Vanzetti. En un principio, aceptó la opinion general de que el juicio fue una falsedad y que su sentencia fue un error de la justicia. Pero cuando publicó su primer libro acerca del tema, Tragedia en Dedham, tomó la postura de que Sacco era culpable y Vanzetti inocente. Sacco pudo salvar a su colega confesando, pero quizá sintió que eso sería traicionar al movimiento anarquista. En lo que se refiere a Vanzetti, le pareció válido morir, no por un crimen que no cometió, sino en aras del avance de su movimiento. En noviembre de 1982, Russell recibió lo que parecía confirmar su tesis: una carta del hijo del último miembro sobreviviente del comité de defensa de Sacco y Vanzetti, Giovanni Gambera. Poco antes de su muerte, unos meses atrás, el anciano Gambera confió a su hijo que todos en el círculo anarquista de Boston sabían que Sacco era culpable y Vanzetti era inocente, pero nadie quería romper el acuerdo de silencio, aunque le costara la vida a Vanzetti. "Entre usted y yo", escribió el joven Gambera a Russell, "ésta es la última palabra." Años después de la ejecución, una bomba colocada por un grupo desconocido demolió la casa del juez Thayer e hirió a su esposa. El juez estuvo bajo ataques constantes por su imprudente actitud dentro y fuera del juzgado, y por oponerse a la reapertura del caso.