DE LITERATURA Y SOCIEDAD EN GRECIA
Los cambios que se presentan en Grecia entre los siglos VII y IV a. C., implican un paso de formas de vida campesina a formas de vida ciudadana y, por tanto, un reordenamiento de en las clases sociales dominantes. La nobleza o
aristocracia terrateniente, que hasta ahora no había visto cuestionado a fondo su dominio, se ve de pronto enfrentada a la nueva plutocracia que surge como resultado del comercio, Cuando la nobleza ve tambalear su poder, comienza a tener presentes aquellos valores que se manifiestan en la antigua epopeya homérica, pero de los cuales apenas había tenido conciencia. Principios como el de la cuna, la raza, la tradición; la aptitud corporal y la educación militar; lo físico y lo moral con sus ideales de autodominio, disciplina y moderación. Todo ello constituye los principios en que se basará la ética de la nobleza, pero su forma de expresión no será ya la “anticuada”
leyenda heroica, sino la
lírica coral y sentenciosa que se ocupa más de los problemas del momento, y que sirve a la aristocracia para mantener vivos esos principios que hemos mencionado. Poetas como Tirteo y Teognis no buscan ahora divertir a los señores después de sus aventuras piráticas. Ahora se dirigen a ellos con “severas enseñanzas morales, consejos y advertencias. Su poesía es a la vez expresión de sentimientos personales, propaganda política y filosofía moral.” Sin embargo, Teognis aconsejará, finalmente, acomodarse a la nueva situación producida por la nueva economía comercial. Sus consejos hacen tambalear toda la organización moral de la aristocracia. De la crisis que aquí se manifiesta procede la desencantada visión de Píndaro, poeta máximo de la nobleza. Esta crisis es también fuente de la
tragedia, aunque los trágicos purificarán la herencia pindárica —en todo lo que tiene de estrecho culto a las grandes familias y el unilateral ideal deportivo—, para dirigirse a un público más amplio y heterogéneo.
Al desarrollarse las formas de vida urbanas, se intensifican las relaciones comerciales y se impone la idea de competencia, así. la concepción individualista comienza a obtener preponderancia en los campos de la actividad cultural. Con los inicios del
individualismo económico, llega a su fin la compilación de la epopeya que, como sabemos, era realizada por los rapsodas y considerada propiedad del gremio, de la escuela o de un grupo; la poesía no es ahora la manifestación de la historia de un pueblo, sino la expresión de sentimientos subjetivos del artista. Con ello el poeta busca ser reconocido como autor de sus poemas; de este modo, la idea de propiedad intelectual se anuncia. Pero es necesario tener en cuenta que la tendencias individualistas tuvieron siempre la oposición de la nobleza, puesto que ella es, por esencia, anti-individualista, ya que sus principios y prerrogativas se basan en la raza, la casta o la tradición.
La llegada de la
tiranía al poder significa el triunfo del individualismo sobre la ideología de castas. La tiranía, a pesar de su esencia anti-democrática, constituye la transición hacia la
democracia porque ella inicia la destrucción del Estado de castas, limita la explotación del pueblo por la nobleza terrateniente, e impulsa el cambio de una economía doméstica y natural, a una economía de intercambio, con lo cual ocasiona la victoria de la clase mercantil sobre los tenedores de tierra. Los tiranos mismos son poderosos comerciantes que conquistaron el poder con su riqueza. Sus cortes son suntuosas y llenas de atractivos artísticos; ellos mismos son también aficionados y entendidos, de quienes se ha dicho que son los precursores de los príncipes o mecenas del Renacimiento y, lo mismo que los déspotas renacentistas, hacen olvidar la ilegitimidad de su poder mediante la pompa de sus cortes y la concesión de ventajas visibles. Esto explica su liberalismo económico y su mecenazgo. En estas cortes encontramos a los más famosos escritores de la época: Píndaro y Esquilo actúan en la corte de Hierón, en Siracusa; Simónides en la de Pisístrato, en Atenas; Anacreonte es el poeta áulico de Polícrates de Samos.
Durante el período de la cultura helénica que se llamó clásico o clasicismo —siglo V a. C. —, llegamos a aquella forma de gobierno que tradicionalmente se ha considerado la mejor, si nos atenemos a la democracia como la forma de gobierno en la que todos los estamentos tienen derecho y oportunidad de participar en el manejo del Estado. Y aunque Grecia se ha considerado “la cuna de la democracia”, si observamos más de cerca el proceso notaremos que la democracia del clasicismo no fue tan democrática. Lo que hizo la nobleza fue enmascarar se y adaptarse, como lo aconsejó Teognis. La nobleza combinó la tierra con el comercio, e hizo las concesiones necesarias a la plutocracia y a las capas medias de los ciudadanos. Dichas capas medias conformadas por pequeños propietarios de tierra o pequeños comerciantes se constituyeron en elementos de presión a los cuales se concede participación en el manejo del gobierno, pero no en sus utilidades; es decir, hay democracia política, pero no económica. “Atenas era gobernada en nombre de los ciudadanos, pero con el espíritu de la nobleza”. Podemos decir que lo democrático radica en que ahora no se exigirá un título de familia (nobleza) para participar en el gobierno, sino que también se admitirá a quien presente título de propiedad de bienes o rentas: aristocracia del dinero en lugar de aristocracia de nacimiento.
Publicado el: marzo 29, 2008
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