‘‘ El
tiempo no rehace lo que perdemos; la
eternidad lo guarda para la gloria y también
para el fuego’’. Esta es una de las afirmaciones que se realizan en este magistral cuento de
Borges, donde se enfrentan dos tesituras de
índoles filosóficas, claramente dispares; sobre si es la eternidad una
línea irrepetible de tiempo, o si acaso estamos condenados al
‘‘eterno retorno de lo idéntico’’.
Todas la
herejías descriptas en el cuento, sin duda tratan de lo mismo, auque pongan el acento en un aspecto diferente de la
tesis, y con cierta ironía y graciosidad alternen según el
“tiempo” su estatus de herejía.
.
Geométricamente: podría decirse que es un debate sobre la
línea y el círculo. Teológicamente: es un enfrentamiento entre la
ortodoxia de la cruz, y la
herejía de la rueda, o del espejo, o del óbolo, o del tiempo en el cielo y del tiempo en la
tierra, o sobre lo que es una vez y lo que será muchas. En honor a la
verdad, y también a la
razón, hay que aseverar, que mas allá de toda herejía, la atrocidad que subyace en ambas afirmaciones es innegable, pues
un instante único, tiene el valor de lo irrepetible, y un instante que no se repite, es como si no
hubiera existido jamás, o quizás exagere.
Pero seguramente vos, que
leíste el cuanto, te preguntaras, ¿acaso la historia no habla de una
disputa entre dos
teólogos y sobre la
envidia y el
remordimiento?, sí, es cierto; pero humildemente creo que
Borges solo lo refiere, para mejor justificar sus ganas de escribir
sobre la eternidad y la existencia. Tal vez porque no se animaba a ser un verdadero filosofo, o porque quizás creía que contando el cuento, el otro filosofaba.
“todo hombre es dos hombres, y el verdadero es el otro”. Pensalo.