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Síntesis y críticas breves

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Dilemas de la Memoria: La Vida y la Muerte Despuès de Auschwitz (IV)

por : Donanfer    

Autor : Jack Fuch
Dilemas de la Memoria: La Vida y la Muerte Despuès de Auschwitz (Cuarta Parte)
Ese año –1983-, muchos sobrevivientes
se reunieron en torno del proyecto del Museo del Holocausto. Dice Fuchs que la ceremonia fue muy conmovedora.–Se puso la piedra fundamental para el museo. Para mí fue como una lápida: nadie en nuestras familias tiene lápidas, ni sabemos dónde están. Ahora había una lápida, aunque fuera colectiva. Cuando regresé del viaje estaba lleno de emociones y tenía ganas de compartir. Supongo que se mezcló con muchos años de psicoanálisis.La primera vez que contó la historia en un medio fue en una entrevista concedida a un periódico, hace ya quince años. Dice que después de que se publicara los amigos con los que jugaba al tenis cada semana en el club Hacoaj lo llamaron anonadados: no podían creer que nunca les hubiera dicho nada de todo ese horror.–A veces uno no sabe qué decir, cómo explicar. Primo Levi escribió lo que una persona dijo en Auschwitz: que si alguien se salvaba y contaba, nadie lo iba a poder creer. Por eso, yo nunca quise contar atrocidades.Durante los años que siguieron habló cada vez que se lo pidieron: en escuelas, conferencias, entrevistas. Pero últimamente, dice, se siente alejado de lo que pensaba antes sobre la importancia de trasmitir lo vivido. Desencantado.–Creo que no tiene ningún valor entrevistar a la víctima: habría que entrevistar al victimario. Una persona en una hora se convierte en víctima. Y no tiene nada para decir, no hay nada que aprender de ella. El victimario tiene un plan: cómo eliminar a la gente, cómo torturarla...Reconoce, sí, la importancia de contar para el registro histórico, para que se conozca lo que pasó, pero ya no piensa que sirva hacia el futuro.–La gente no aprende nada del pasado: el hombre no tiene herramientas para evitar una próxima guerra.A veces se sorprende por la insistencia con que lo buscan, como si fuera dueño de algún misterio, de un secreto de la supervivencia.–La gente deposita cosas en mí. Piensan que es una ironía cuando yo digo que sobreviví porque sobreviví. Pero yo no hice nada. No soy ningún héroe, lo único es que no tenía el coraje de matarme.Fuchs volvió dos veces a la ciudad donde nació. La primera fue con Ivonne, a mediados de los ochenta. Había pensado quedarse a pasar la noche, pero a poco de llegar se quiso ir. Dice que estaba como anestesiado. Recorrió la zona donde había estado el gueto y vio que nada lo recordaba: ni un museo, ni una placa: como si allí nunca hubieran vivido miles de judíos. El único lugar donde había huellas de su presencia era el cementerio. Se fue enseguida. El segundo viaje fue con Marianne, hace cuatro años. Esta vez pudo caminar horas con ella, mostrándole cada lugar.–Dónde vivían mis amigos, dónde estaba la escuela, dónde comenzó el gueto. Hasta estuve sentado con ella en la peatonal, comiendo pizza. Jamás hubiera podido pensar unos años antes que era posible. Marianne dice que su vida se divide en antes y después de ese viaje.Luego tomaron un tren hacia Cracovia, que está junto a Auschwitz. El mismo recorrido que Jack hizo con su familia cuando fueron deportados. En ese viaje, su hija le tomó una foto. La cara de Jack se ve crispada, tristísima.–Yo no sabía que tenía esa cara.Junto a esa foto, en su biblioteca, hay otra, que se reproduce en estas páginas. La única foto que tiene de su familia: ahí está él con sus padres, su hermano mayor y una de sus hermanas. La menor aún no había nacido. Pudo tener esa foto gracias a sus tíos, a quienes sus padres se la enviaron antes de la guerra. En la misma biblioteca hay más fotos: de Marianne y sus nietas.Jack recorre la casa mostrando otras imágenes de las chicas. Y sus dibujos, que ha pegado en las paredes. Señala un retrato de él que hizo la mayor de sus nietas, con un notable parecido al original. Dice que lo muestra con orgullo de abuelo. Un orgullo que se percibe cada vez que habla de todas ellas, de esas mujeres que iluminaron ésta, su segunda vida.
Publicado el: marzo 19, 2008
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