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Dilemas De la Memoria La Vida Después de Auschwitz (Segunda Parte )
Ahora ya me puedo morir tanquilo – dijo-.Por qué esa frase cuando lo peor había terminado? Quizá, supone, porque
en los últimos días del campo había convivido con montañas de cuerpos y tenía pánico de morir en esas terribles condiciones.–Me salió así. A veces en Dachau uno se despertaba y decía "ojalá estuviera muerto". Mucha gente me pregunta cómo me salvé y yo digo que mis padres fueron condenados a morir y yo fui condenado a vivir. Simplemente no podía morir.Pero el instinto de supervivencia funcionó y ya en esos primeros días en el hospital se empezaron a tejer lazos.–Los nazis nos habían sacado todo: la familia, el cuerpo, pero no podían sacarnos lo poco de humano que quedó. En poco tiempo ya había un diario en idish.A través de su partido, el socialista Bund, Fuchs consiguió una visa para viajar a Estados Unidos. En el tiempo que estuvo en Alemania antes de partir hizo algunas averiguaciones sobre el final de su familia. No es que tuviese expectativas de encontrar a alguno con vida: en Auschwitz, dice, las cosas eran claras. Pero necesitaba saber, así como después necesitó callar.Antes de la guerra, en la ciudad polaca de Lodz había 250 mil judíos, sobre una población de setecientos cincuenta mil mil personas. Primero los obligaron a usar la estrella amarilla, luego se decretó que un sector de la ciudad se convertiría en gueto para los judíos. En principio fue semiabierto, pero más tarde se cerró con alambre de púas y garitas con guardias y ya nadie pudo entrar ni salir.Los Fuchs estuvieron en el gueto cuatro años. Pese a las privaciones que pasaron –el hambre, el frío, las enfermedades, el aislamiento–, esa época sería recordada como un paraíso en comparación con lo que vino después.En 1944 los alemanes decidieron "liquidar" el gueto. Junto con sus padres y sus dos hermanas menores (al hermano mayor lo habían llevado a trabajar a un campo), Jack se escondió en una pequeña habitación tapada con un armario, pero alguien los delató y los encontraron. La deportación tuvo lugar a principios de agosto de 1944. El recuerda que llevaron hasta el tren unas pocas cosas, entre ellas su álbum de estampillas. En Auschwitz los separaron: mujeres por un lado, hombres por otro.–A esa altura, ya no había secretos. Lo decían directamente: la gente iba al horno. Muchos años después un psicoanalista me dijo que no sentía alegría: que era como si alguien me hubiera estado apretando el dedo con una tenaza y de pronto me soltara. Eso era.Pero aún sufriría ocho meses en Dachau, donde las condiciones fueron deteriorándose día a día. Pronto la comida empezó a ser insignificante, se desataron las epidemias y ya nadie creía en la posibilidad de sobrevivir. Era, dice Fuchs, como estar enterrados vivos.Así estaba cuando los alemanes los abandonaron en un vagón de carga en Baviera, cerca de ese galpón donde empezó su segunda vida.En Alemania Fuchs superó milagrosamente el examen médico que le hicieron los norteamericanos antes de embarcarse, algo que quizá sucedió porque no tenían equipo para hacer radiografías. Pero no estaba curado de la tuberculosis y dos semanas después de llegar a Nueva York lo llevaron a un médico. En la sala de espera conversó en idish con la secretaria, que a poco de hacerle las primeras preguntas se puso a llorar.–No sé por qué, yo sólo le dije que había venido de Alemania en barco.El médico le hizo placas, le mostró las cicatrices en sus pulmones y le aconsejó internarse en un sanatorio en las afueras de la ciudad.–Creo que eso fue lo peor que me podían hacer: otra vez encerrado. Estuve ahí seis meses. No había ningún medicamento en ese momento, sólo descansar y tomar aire. En lugar de enviarme a ese lugar, tendrían que haberme mandado a hacer terapia: eso me hubiera ayudado.La organización que lo recibió en Nueva York le había preguntado antes que nada si tenía a alguien en alguna parte del mundo. Jack mencionó a un par de tíos en Argentina y a una tía en Santiago de Chile. Al cabo de un tiempo fueron localizados, pero aunque lo invitaron a venir, él prefirió quedarse en Estados Unidos.–Me demoró mucho tiempo saber cuál fue el motivo. Creo que yo pensaba que iba a venir y mis tíos me iban a preguntar qué había pasado con mis padres, con mis hermanos. Que me iban a decir "¿cómo están todos muertos y vos vivís?" Tenía miedo. Pero eso lo supe más tarde.
Publicado el: marzo 19, 2008
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