Dilemas de la
Memoria La Vida Después de la Muerte (Primera Parte) Dilemas de la Memoria La Vida después de Auschwitz es
el título del libro de Fuchs Con un prólogo de Américo Cristófalo, el libro reúne una serie de artículos, donde Fuchs va soltando en delicadas pinceladas lo que fue su infancia en Polonia, el recuerdo de sus padres y hermanos, el avance del nazismo, temas mechados con cuestiones de actualidad, como el conflicto árabe-israelí, el debate sobre la música de Wagner o una película de Mel Gibson. Y en medio, siempre, su dilema sobre el lugar de la
memoria, la necesidad de recordar u olvidar, la imposibilidad de que la memoria cambie algo. En uno de esos textos, previo a un viaje por Polonia con su hija, se pregunta cómo puede mostrarle su ciudad "si esa ciudad ya no está, si ya no quedan ni sus olores, si ya no se pasean esos hombres de barba blanca y larga, si no están los artesanos, los zapateros, las costureras, si ni siquiera el detalle de los sabores está ahí disponible. Tengo para confiar la fragilidad de la memoria y el despojado regalo de la transmisión. Es todo. Y es mucho". No soy ningún héroe, lo único es que no tenía el coraje de matarme." Jack Fuchs habla de sí mismo sin concesiones. Durante cuarenta años prefirió callar sobre el infierno que había debido atravesar: el gueto, Auschwitz, el exterminio de toda su familia. Viajó por el mundo con una inquietud que le impedía afincarse. Hasta que un día pudo asentarse y también contar.La segunda vida de Jack Fuchs empezó en un galpón. Hasta allí había llegado con sus últimas fuerzas, luego de que el vagón donde los
alemanes lo trasladaban junto con otros sobrevivientes de Dachau quedara abandonado en la huida. En los años siguientes, Fuchs eligió no hablar sobre el infierno que había atravesado: el gueto, Auschwitz, el exterminio de toda su familia. Tuvieron que pasar cuatro décadas y un viaje conmovedor para que empezara a contar esa historia públicamente y también a escribir. Muchas de esas reflexiones conforman ahora el libro Dilemas de la memoria. Fuchs habla de los años que siguieron a su llegada a ese galpón, de la posibilidad de construir un futuro después de Auschwitz. De su segunda vida.Era mayo de 1945 y en Baviera caía aguanieve. Intentando escapar del avance de los aliados, los alemanes habían sacado a quienes aún sobrevivían en Dachau –gente desnutrida y enferma– y los habían subido a vagones que se usaban para trasladar ganado. El viaje, lento, se detenía con cada incursión aliada. Los alemanes se retiraban cuando se acercaban los aviones y reaparecían horas más tare. Hasta que la locomotora fue bombardeada y ya no volvieron.Fuchs bajó del vagón junto con los demás. Tenía veintiún años y sólo pesaba treinta y ocho kilos. Padecía tifus y tuberculosis; sus pies hinchados casi no le permitían caminar. Se arrastró como pudo unos quinientos metros, hasta una granja habitada por alemanes. Entró en un galpón y vio una parva de heno. Allí se tendió y se quedó dormido. En ese lugar, pensaría después, fue donde renació, en la más absoluta soledad.Al día siguiente lo encontraron los habitantes de la granja. No le dijeron ni le preguntaron nada. Le dieron comida y una cama ubicada en lo que eran dependencias para los trabajadores. Fuchs no sabe cuántos días pasó allí: quizás dos o tres. Luego lo subieron a una carreta y lo llevaron hasta Saint Ottilien, un antiguo monasterio transformado en hospital. Recién ahí las enfermeras le sacaron la ropa, lo lavaron, rasuraron y desinfectaron. Le dieron un pijama limpio y una cama en una enorme habitación. Fue entonces cuando dijo una frase que rondaría por su cabeza años después. Ahora ya me puedo morir tranquilo.