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Síntesis y críticas breves

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Simone de Beauvoir, Vigente en la Ficción

por : Donanfer     

Autor : Donanfer
Muchas mujeres hoy,consideran superado el planteo de la escritora francesa en El segundo sexo, pero los personajes femeninos
de sus narraciones tienen una vitalidad y una riqueza de matices que va más allá de las épocas y los estereotipos. La figura de Simone De Beauvoir incomoda. De Beauvoir es autora de una obra que causó conmoción en su hora. Muchas mujeres de esa edad -profesionales, económicamente independientes, interesadas en la actualidad, buenas lectoras- consideran las cuestiones de género como algo superado. Menos aún les gusta sentirse victimizadas (recordemos que en El segundo sexo , publicado en 1949, De Beauvoir compara frecuentemente la situación de la mujer europea con la opresión que padecen los negros en Estados Unidos). En ese sentido, la imagen de la escritora francesa como ícono del feminismo enfría el interés que muchas mujeres jóvenes podrían tener por su obra. Cuando las ficciones de Simone de Beauvoir exceden los límites de sus diagnósticos de la realidad, están vivas y proponen interrogantes renovados. De Beauvoir observó la situación de la mujer desde muy temprano en su vida. De ese trabajo intelectual, la figura de la mujer surge como una construcción cultural -no como una fatalidad biológica- que la ubica en un lugar de alteridad subordinada respecto del hombre. En El segundo sexo , De Beauvoir advierte sobre los peligros de lo que define como una pasividad característica de la mujeres. Pero pronto queda claro que la salvación no vendrá de los hombres, porque estos, aunque apenados, están dispuestos a obedecer. Las mujeres solo se salvan cuando se deciden a obrar, cuando quiebran esa mirada enajenada sobre sí mismas que, según dice De Beauvoir en El segundo sexo , les impide plantearse como sujetos. La novela (Premio Goncourt 1954) es un gran fresco de la posguerra francesa y narra, apenas velada por nombres de ficción, la vida y la intensa actividad de la elite intelectual de París, presidida por Jean-Paul Sartre, Albert Camus y Simone De Beauvoir. Una vez más, es interesante ver hasta qué punto los personajes femeninos responden a los arquetipos expuestos en El segundo sexo . Los tres personajes femeninos principales son Ana (álter ego de De Beauvoir), Paula, la mujer de Enrique Perron (álter ego de Camus) y Nadine, la hija de Ana y de su marido, gloria de las letras francesas, el escritor Roberto Dubreuilh (Sartre). Paula es el estereotipo de la enamorada. Colérica, agresiva, hiriente, promiscua, destructiva y autodestructiva, Nadine se defiende como puede del hecho de saberse intelectualmente inferior a sus padres y, como mujer, confinada a un grupo humano cuyas posibilidades de acción son muy limitadas. Psicoanalista de renombre, Ana se constituye en sujeto pleno. Mientras que Paula vive inactiva y Nadine se agita en una actividad frenética sin sentido, Ana actúa: desarrolla una profesión, se interesa por los problemas políticos y morales que plantea la época (el final de la Segunda Guerra Mundial, el comienzo de la Guerra Fría), reflexiona, discute. Pero ocurre también que Ana se enamora intensamente de un escritor norteamericano, Lewis Brogan (aquí De Beauvoir recrea su propia historia de amor con Nelson Algren, a quien de hecho dedicó el libro), y vive con felicidad y angustia la alegría y el desgarramiento de esa pasión transoceánica. Más inteligente que Paula, más sólida emocionalmente que Nadine, en el amor Ana también se vuelve vulnerable e insegura, y atormenta a su hombre con dudas, temores y llantos. Una galería de personajes femeninos secundarios, en Los mandarines , también es elocuente respecto del modo en que De Beauvoir presenta las distintas formas posibles de ser mujer. Lucía Belhome, calculadora y ambiciosa, dueña de una casa de alta costura, amiga y ocasional anfitriona de los nazis durante la ocupación, responde a las características de la hetaira descripta en El segundo sexo , y su hija Josette, aspirante a actriz, encarna a la mujer bella y tonta, dotada de una módica astucia animal para procurarse la supervivencia. Uno de los problemas de fondo que plantea su obra es que el cuerpo de la mujer sigue siendo campo de batalla de los opuestos sujeto-objeto. En El segundo sexo , De Beauvoir afirma que el cuerpo del hombre es la "irradiación de una subjetividad", en tanto que el cuerpo de una mujer es una pantalla que se interpone entre ella y el mundo. En Los mandarines , Ana, Paula, Nadine, Lucía y Josette se las arreglan como pueden con sus cuerpos, y en general se las arreglan mal. Ana lo niega hasta que conoce a Lewis. Por él pierde la cabeza y encuentra su cuerpo, su cuerpo de mujer, no ya la manifestación material de un abstracto "existente". Para Paula, su propio cuerpo, que alguna vez fue hermoso y enamoró a Enrique, es el límite de su mundo. El legado de De Beauvoir, mujer de acción y de reflexión, invita a interrogarse acerca de cómo y en qué sentido obrar hoy. Conservar y repetir el mundo tal cual es no parece ni deseable ni posible", sostiene en El segundo sexo . Pero "para cambiar la faz del mundo en primer lugar uno tiene que estar sólidamente anclado en él".
 
Publicado el: marzo 16, 2008
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